Excelente día tenga usted, con las pilas bien recargadas, después de las muchas tandas de tamales para celebrar el día de la candelaria y cumpliendo la tradición de que quienes encuentran el muñeco de la rosca, invitan, nos encontramos nuevamente en este espacio.
Cualquier mañana para iniciar el día con el pie derecho, le sugiero caminar rumbo a los portales del zócalo, estando ahí, precisamente en el portal Morelos (portal de abajo) mientras observa distraídamente la Iglesia del Corazón de Jesús, le aseguro que más de una señora con prontitud se acercara y le dirá “cómpreme unos tlayoyos, están calientitos, tengo de alberjón y de papa, ándele anímese“ cuando menos lo imagine, se encontrara rodeado de no menos de cuatro personas que le persuadirán para que les compre a ellas; entre la alegría y el buen ánimo escuchara “vea usted, estos, están más grandes y con más manteca” debo decirle aquí, que para ese momento, sobre todo si lleva un apetito feroz, el olor emanado de esas canastas de mimbre le exigirá pegarle una mordida al primer tlayoyo que se deje.
Permítame platicarle un poco más del tlayoyo o tayoyo; es un antojito típico y popular de nuestra región, es como una especie de tortilla ovalada, cerrada y rellena de alberjón, papa o frijoles (el más común es de alberjón) el relleno lleva además hojas de aguacate, manteca, chile y sal, ¡riquísimo! Se puede comer salidito del comal, medio infladito por el calor o también le recomiendo que lo prepare frito, le dé una pellizcadita para agregarle salsa y queso en la parte superior; ahora bien puede servirlo con una carne asada y tendrá un platillo típico, elegante y apetecible.
Sin más y motivado por esas excelentes personas que le dan el aire pueblerino a Tlatlauquitepec, estoy cierto que probara y comprara tan delicioso antojo.
Permítame comentarle que hace ya algunos años un grupo de emprendedores tlatlauqueneses, en coordinación con instituciones educativas realizaron el “Mitotl” un festival gastronómico y cultural que incorporo por primera vez las callejonadas, que por cierto, se han vuelto tradición en la cabecera municipal y en ese primer evento también convocaron a un concurso de Tlayoyos en dos versiones, el del tradicional y el de innovación, donde con una excelente participación se elaboró también un tlayoyo monumental.
Un gran esfuerzo, que independientemente de dar un colorido de sabor y tradición, también marco el potencial turístico que existe en nuestra región, indiscutiblemente, aún falta mucho por hacer para consolidar a la sierra nororiental como un gran destino de turismo y ahí es indispensable la participación ciudadana. Este tema será motivo de otras columna por lo mientras, me estoy encaminando al lugar centro de Tlatlauquitepec para entrarle a un rico tlayoyo.
De verdad, si usted ha venido por estos rumbos, seguro estoy que para estos momentos ya sentirá en su paladar la sensación del suculento desayuno de su servidor y con toda certeza estará dirigiéndome un mal pensamiento por crearle el antojo; pero faltaba más venga, visítenos y pruébelos una y otra vez… por supuesto acompáñelo de una taza del sabroso café serrano.