Se estima que 300 millones de personas en el mundo padecen asma bronquial[i] con una prevalencia y mortalidad que va en aumento, lo que representa una pesada carga para los gobiernos, sistemas de salud, familias y pacientes por los altos costos que implica la atención de sus complicaciones.

El asma es uno de los padecimientos respiratorios más frecuentes y, de acuerdo con la Dra. Mercedes Yance Valenzuela, Jefa del Departamento de Neumología Pediátrica y Terapia Respiratoria del Hospital Star Médica Infantil Privado (HSMIP), se caracteriza por la inflamación crónica de las vías aéreas que puede iniciar a cualquier edad con falta de aire, sibilancias, tos, opresión en el pecho y dificultad para respirar, síntomas que comprometen la salud y calidad de vida de los afectados.

Aunque la terapia inhalada con antiinflamatorios y broncodilatadores combinados es piedra angular en el manejo del asma, la especialista indicó que en 95% de los casos se observa un pobre control de la enfermedad[iii] debido principalmente a un estilo de vida inadecuado y falta de apego al tratamiento médico[iv], lo que la sitúa entre las 10 principales causas de consulta externa, urgencias y hospitalización[v] por episodios en los que se produce un agravamiento de los síntomas mejor conocidos como exacerbaciones, ataques o crisis asmáticas.

En el marco del Día Mundial del Asma, a celebrarse el próximo 7 de mayo, la también Presienta de la Sociedad Médica del HSMIP explicó que en una crisis las vías aéreas se inflaman, producen gran cantidad de mucosidad y un fenómeno llamado bronco-constricción, en el que los músculos que rodean a los bronquios se contraen aún más y los comprimen, lo que entorpece el paso de aire y la respiración. Estos son los eventos más difíciles y angustiantes para quienes viven con la enfermedad, pues además de provocar ausentismo laboral, escolar y aislamiento social, también pueden poner en riesgo la vida del paciente.