Padre Nacho*

San Agustín nació en Thagaste ( Suk-Ahras, Argelia) en el año 354 y murió el 28 de agosto del año 430, siendo obispo en Hipona (antigua ciudad de Numidia, cerca de Annaba, próxima a la frontera actual de Argel con Túnez). Sus padres fueron Patricio y Mónica ( En la liturgia católica es santa y su fiesta corresponde a día 27 de agosto). De los escritos de Agustín destacamos La Ciudad de Dios y sus Confesiones. Por otra parte, a él y a sus hijos espirituales les debemos mucho en el horizonte de la fe cristiana y en la historia nacional mexicana. He aquí algunos datos:

Los agustinos ( O.S.A., es decir, Orden de San Agustín) llegaron a la Nueva España en 1533 y trabajaron en el centro, occidente y sur de nuestro país. La costumbre de llamarse frailes se debe al derivado del latín, “frater, fratris”, “hermano” en español. En la Universidad de México tuvo un papel destacado fray Alonso de la Vera Cruz. A los agustinos les reconocemos los más bellos conventos de fachada plateresca que todavía contemplamos: Acolman, Actopan y Yuriria, por citar algunos ejemplos. Recordamos a fray Francisco Tembleque, quien construyó el magno acueducto que llevó agua a Otumba y también a fray Diego de Chávez, quien “no conforme con su obra de evangelización, también se consagró a la ingeniería hidráulica, conformando la laguna artificial de Yuririapúndaro a fin de lograr aquella porción del actual Estado de Guanajuato como “una de las regiones más fértiles de nuestra patria” ( según Alberto María Carreño).

Evocamos también al experto marinero fray Andrés de Urdaneta, quien con el capitán Miguel de Legazpi, encontraron el famoso “torna-viaje” o regreso de las Filipinas hacia nuestras costas occidentales (1564-65) y con esto dar inicio a la Nao de China, tan importante en el comercio con el sudeste asiático desde entonces hasta la época de los insurgentes, cuando vencieron a los realistas en el fuerte de San Diego, en Acapulco, aquel 17 de agosto de 1813…Por esa ruta marítima llegó Catarina de San Juan a nuestras tierras y después ser llamada la “China Poblana”, cuyos restos descansan en La Iglesia de la Compañía de Jesús en la Angelópolis.

Los agustinos novohispanos también se dedicaron a las lenguas indígenas y publicaron gramáticas y vocabularios muy útiles. Por desgracia sólo se imprimieron las crónicas del siglo XVI, que son documentos importantes para nuestra historia; fray Juan de Grijalva publicó en 1624 una que llegaba hasta esa fecha. Años después la continuó, para la provincia de México y Filipinas, fray Esteban García (inédita hasta 1918).

Como su regla conventual no era tan estricta en la pobreza como la de los franciscanos y dominicos, obtuvieron grandes ayudas de la Corona de España para hacer que sus conventos fueran centros de cultura y lucieran en ellos las artes decorativas con gran esplendor. También en la capital levantaron un templo fastuoso que se quemó en los finales del siglo XVII, sustituido por otro todavía más grande que todavía puede admirarse, convertido hace un siglo en Biblioteca Nacional.

En la vida misionera destacamos a fray Juan Bautista Moya como “Apóstol de la Tierra Caliente”. Ocho llegaron a ser obispos residenciales de la Nueva España. Uno de ellos, fray Payo Enríquez de Rivera sobresalió como arzobispo de México y virrey vigésimo séptimo ( 1673-1680).

La gastronomía poblana también le debe mucho al obispo de Hipona y a sus frailes agustinos. Por ejemplo, los “chiles en nogada” fueron cocinados para festejar al concertador de la Independencia, Agustín de Iturbide, quien en nuestra Angelópolis degustó este platillo barroco en el día de su onomástico, aquel 28 de agosto de 1821, a fin de celebrar el Plan de Iguala y la Bandera Trigarante, con el verdor del chile de Miahuatlán, la blancura de la nogada de la sierra norte poblana y el rojo de la granada de Tehuacán. También recordamos a la famosa “cecina de Yecapixtla”, porque fue en ese lugar precisamente donde los primeros agustinos fundaron su convento, contemporáneo de los de Chilapa, Tlapa, Ocuituco, Totolapan, Zacualpan, Atotonilco, Epazoyucan, Ixmiquilpan, Molango, Ocuila y Malinalco.

Como nota distinguida citamos al convento de Ucareo, cerca de Acámbaro, Guanajuato, porque fue el primer edificio que se levantó en nuestro país con materiales prefabricados, a mediados del siglo XVI, “sin que ningún sonido se oyera en los andamios”( escribió el cronista Basalenque). El profesor George Kubler, de la Universidad de Yale, enseñó que esta técnica desarrollada por Juan de Utrera fue conocida por Juan de Herrera para acelerar la construcción y terminar el monasterio de El Escorial ( 1584) en el municipio español de San Lorenzo (Madrid) y legarnos así el típico “estilo herreriano” , inspirador de nuestra catedral angelopolitana . La información se la comunicó fray Alonso de la Vera Cruz, quien en 1571 vivió en la metrópoli muy cerca del monarca Felipe II.

Alabado sea Jesucristo, quien iluminó a San Agustín para heredarnos los contenidos cristianos auténticos de “Ama y haz lo que quieras” ( “Ama et fac quod vis”, en latín) y el “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti” ( “Fecisti nos, Domine, ad te et inquietum est cor nostrum donec requiescat in Te”). También la oración confiada que se expresa así: “Señor, pídeme lo que quieras…pero dame lo que me pides”…

*José Ignacio González Molina es Cronista de Número de la Cd. De Puebla. Ejerce su ministerio en el Infonavit San Jorge; como historiador egresado de la Universidad Iberoamericana ( Cd. De México); la docencia en la Escuela Libre de Derecho. Difunde los martes, de 6 a 7 de la tarde, el programa “Suave Patria” en Radio Puebla ( 105.9 F.M.), y sus estaciones hermanas del Estado de Puebla. T.V., radio y podcaspueblafm y Facebook.