Acompañarse en la palabra es un arte.
“Todos aprendemos de todos.
Todos necesitamos de todos”.
Abel Pérez Rojas.

En la más reciente obra de Hugo Israel López Coronel, “Cortina en el espacio”, el autor exhibe su afán de regocijarse en la riqueza del español; además, brinda pinceladas de su poesía mezclada con una ágil narrativa.
Veo en esa obra, como la comunicación es el un hilo conductor que une a los puntos del arte: por un lado, el amor a la palabra; en el otro, al ejercitarse en ella, el acompañamiento fraterno para el autodidactismo.
La especialidad alcanzada en el seno del verbo siempre es bien recibida y más cuando se comparte con ávidos lectores, porque el compartir fomenta la creación de espacios de educación permanente.
En una mesa donde se congregan también el fotógrafo Arturo López y el poeta Hugo Islas, conversamos sobre las obras propias. La aportación fraterna gira en torno a la cadencia y a la omisión de algunos verbos, para dejar que el mensaje fluya y que, sin la exagerada remarcación, salga a flote la riqueza del mensaje.
Mientras el intercambio continúa y sigo encontrándome con “Cortina en el espacio”, pienso en lo grato que es compartir sin competir, y caigo sin proponérmelo en un texto de Erhard Meueller titulado “El arte del acompañamiento, una contribución a la formación de adultos”.
Meueller señala como punto clave de la formación autodidacta de los adultos la confianza en la fuerza propia, porque es a partir de lo que se tiene lo que permitirá construir lo que no se tiene.
Al reconocer sus haberes como punto de partida para la solución de sus problemas, en ese proceso autogestivo inicia a la par un empoderamiento de iguales proporciones, siendo esto tan obvio que a veces no se advierte.
El autoempoderamiento, ese que emerge de los entornos de educación permanente, tiene bases sólidas, porque al ser meta reflexiva reconoce en el otro su capacidad de controlar y enriquecer su propia vida, a partir de sus haberes iniciales y de la riqueza que surge de la adversidad.
Hacer común lo que llevamos en la mente no es fácil cuando se trata de conceptos que no hacen referencia directa a cosas sino a procesos.
Por ello, después de haber realizado un recorrido en diversos elementos intelectuales, caigo en cuenta sobre otra aportación tal vez mayor de “Cortina en el espacio”: la inserción de introspecciones, en situaciones tan mundanas como las circunstancias de cada uno de los casos centrales narrados en los cuentos de Hugo Israel López Coronel.
Por eso, se aprecia al investigador que llega paulatinamente a alcanzar cierta especialidad aunada a la oportunidad de acompañar a otros en sus propias búsquedas, y él, a su vez, agradece a quien hace un alto para desentrañar el sentido de las palabras y hacer con ello visible parte de la realidad que desentraña en medio de los segundos -convertidos en siglos ante la velocidad del ritmo cotidiano.
¿No le parece que es un verdadero placer navegar en estos mares?