Alberto Jiménez Merino
Director del Centro Internacional de Seguridad Alimentaria

Un palo recto sobre el cuello del que colgaban dos botes cuadrados de 20 litros cada uno era el equipo que, en los años 60’s y 70’s en Tecomatlán, al sur del Estado de Puebla, usábamos para acarrear el agua del Río Mixteco.
En México, América Latina y Africa, los encargados de proveer a la familia de agua, leña y preparar los alimentos en las zonas rurales son los niños y las mujeres, quienes, pese a considerar estas actividades como trabajos pesados, lo realizan para contribuir al gasto familiar. Tan sólo, a buscar el vital líquido, las familias más pobres dedican de 3 a 4 horas diarias.
En una visita que realicé a China vi que el palo del que pendían los botes para acarrear el agu tenía forma curva para que el cuello de las personas no se lastimara. Asimismo, en la India, ví a mujeres y niños cargar sobre su cabeza unos recipientes tipo platillo volador llenos de agua para el abasto de sus casas. En mi experiencia, nunca se me hubiera ocurrido esa innovación.
En México, más de 10 millones de habitantes no tiene agua potable y 75 millones que si la tienen viven en zonas donde ya escasea.
Lo sorprendente es que en el año 2016, en pleno siglo XXI, la gente sigue acarreando agua como hace 50 años. Asimismo, hay gente que bebe agua de la misma fuente donde toman los animales; y ambas situaciones no suceden en comunidades alejadas de la capital, es aquí mismo, en el municipio de Puebla, en donde pasa eso.
Mi condición de acarreador de agua en la infancia es lo que me obligó a estudiar las distintas formas de abastecerse de la misma. Hacer pozos es lo más común, sin embargo, tomarla de ríos y manantiales, tratarla y reciclarla, desalinizar la del mar, captar la lluvia en las partes altas de los pueblos y luego aprovecharla por gravedad, recoger también el agua de los techados de casas, edificios, invernaderos, naves industriales, presidencias municipales entre, otras, son algunas formas viables de abastecimiento.
Sin embargo, y pese al abastecimiento, el costo de la electricidad hace inviable los sistemas de bombeo para las administraciones municipales, y por ende para muchos particulares.
Todas estas condiciones que rodean la captación y abastecimiento del vital líquido, influyeron para que, en el año 2010, me interesara en escribir “Agua para el desarrollo, más agua siempre para todos”, un libro que se puede consultar en www.jimenezmerino.com.mx
Por todo ello, es importante reflexionar que México ha perdido más de la mitad del agua disponible por persona. En 1950 habían 11 mil metros cúbicos de agua/habitante/año. Hoy, sólo 4 mil 300 y si no hacemos algo, para el 2025 la cifra llegará a 3 mil 500. Perforar pozos y obtener resultados fallidos ya es algo muy común, y esto es clara muestra de que ya no hay agua en el subsuelo. Captar la lluvia en las laderas y en los techados son ahora las dos opciones más viables e importantes.
En ciudades como Puebla, cada metro cuadrado de superficie recibe cada año 750 litros de agua que al no captarse en un sistema de agua pluvial, forma ríos en las calles y se revuelve con el drenaje, desperdiciándose lastimosamente cada centímetro cúbico que se precipita. Cada hectárea pavimentada imposibilita la infiltración de 7.5 millones de litros de agua al año.
Urbano Muñoz González, habitante de San Baltazar Torija, municipio de Puebla, construyó en 1994 su cisterna subterránea para captar 20 mil litros del techo de su casa, y Agueda Merino Córdova, habitante de Tehuitzingo, quien me mandaba por el agua en 1965, construyó en 1998 su cisterna de 16 mil litros con el mismo fin.
En el ámbito internacional, en junio de 1998 se constituyó en Kenia la Red de Asociaciones Nacionales de Cosecha de Agua de Lluvia del Sur y Este Africano (SEARNET). Esta organización me invitó como ponente a su reunión anual el 30 de noviembre de 2004 en Gaborone, Botswana; y fue en agosto de este mismo año que la Red Latinoamericana sobre Sistemas de Captación de Lluvia se constituyó. En ese mismo año, el Colegio de Postgraduados, en México, creó un Centro de Investigaciones sobre Cosecha de Lluvia, bajo la Dirección de Manuel Anaya Garduño.
En el mismo sentido, en el año 2000, el entonces gobernador del estado, Melquiades Morales Flores, instruyó a la Secretaría de Desarrollo Rural el establecimiento del Programa Cosecha de Lluvia en el cual participaron 7 mil familias a las que se dotaron de tinacos y canaletas de conducción para almacenar agua de lluvia. Ya para el 2004 y con apoyo de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), se incorporó el Huerto Familiar en beneficio de 700 familias.
Durante mi participación en la H. Cámara de Diputados, el 14 de Diciembre del 2004 se aprobó por 385 votos la Propuesta con Punto de Acuerdo, presentada por el suscrito y firmada por 221 diputados de todos los partidos, para Exhortar a los tres niveles de gobierno, congresos locales, autoridades del sector agua, organismos operadores, organismos no gubernamentales, empresas, organizaciones sociales, instituciones educativas y sociedad en general, a promover programas, proyectos y acciones para captar, tratar, almacenar y aprovechar el agua de lluvia para uso potable y secundario en regiones y comunidades del territorio nacional donde sea necesario y posible.
Por ello, he visto con agrado la decisión del Gierno del Estado y el Municipio de Puebla para invertir 160 millones de pesos en proyectos de captación de agua de lluvia en beneficio de familias de Puebla.
La falta de agua es uno de los problemas más grandes de Puebla. Por ello y desde mi perspectiva, si se agregaran a este proyecto los 270 millones de la ciclopista del Bulevar Hermanos Serdán, que ya se convirtió en manzana de discordia por su presumible inutilidad, y se incrementaran las inversiones en favor del agua, otro gallo le cantaría a los poblanos.