Alberto Jiménez Merino

Ha sido recurrente el señalamiento que casi la mitad de lo que comemos en México se importa y también, es común encontrar problemas de comercialización de los productos agroalimentarios en las regiones donde se obtienen. No son problemas de producción, sino de distribución y consumo.
Si cada uno de los 32 millones de estudiantes que hay en nuestro país, comiera una manzana un día a la semana, se requerirían más de mil 200 millones de manzanas durante las 40 semanas del ciclo escolar, es decir, casi 300 mil de las 750 mil toneladas que se producen anualmente. Por supuesto que en la práctica esto no es matemático.
De igual manera, si los 32 millones de estudiantes tomaran un vaso de leche diariamente se requerirían 2 mil 200 millones de litros anualmente y si fuera un pescado por semana necesitamos 1 millón 650 mil toneladas de pescado. Y así, podríamos seguir haciendo las cuentas deseables hasta el infinito. Muchas, por cierto, hoy son puras ilusiones, pero nos muestran que hay un potencial de consumo que se puede promover.
Esta aspiración ha pasado por la mente de cafeticultores, fruticultores, floricultores, amaranteros, nopaleros, ganaderos, acuacultores y de casi todos los productores. Promover un mayor consumo interno para comercializar mejor los productos del campo es una necesidad actual.
Son frecuentes los problemas de comercialización en el campo porque la producción es estacional y la demanda es constante a través del año. Los volúmenes son reducidos derivado de parcelas pequeñas y trabajo individual. La presentación del producto es predominantemente como materia prima sin valor agregado, ni siquiera tienen los primeros procesos básicos de clasificación, secado, envasado o empacado. Los costos de producción son altos y los rendimientos reducidos, su competitividad comercial es baja.
El consumo de tortillas de maíz alcanza casi los 120 kilogramos por persona al año, de frijol cerca de 12, de leche 48, de pescado 9, de huevo 22,de jitomate 14, de chile 7 y de café 1.2. Sólo con el incremento de una pieza, un vaso o una taza más diariamente por persona, las necesidades de producto se incrementan considerablemente.
Promover el consumo de productos agroalimentarios enfrenta los siguientes problemas: escasa educación alimentaria que se traduce en desnutrición, sobrepeso u obesidad, y ésto deriva del desconocimiento de las amas de casa de las formas de preparación de los alimentos, cantidades, combinaciones y porciones por persona. Algunos no tienen comida y otros comen en exceso, sin saberlo.
Quizás el mayor de los obstáculos para promover el consumo sea el desconocimiento de productores y consumidores a cerca de las características y propiedades nutritivas de los alimentos, para qué sirve cada uno e incluso, de sus propiedades nutracépticas y su capacidad para curar o prevenir algunas enfermedades.
Para lo anterior se requiere invertir en publicidad, en campañas para posicionar entre los consumidores las propiedades de cada uno de los productos, se requiere de impulsar exposiciones, ferias, degustaciones y encuentros entre posibles compradores y productores que amplíen la información entre consumidores.
Más importante es aún que los alimentos estén al alcance de las clases populares. Hay casos en los cuales algunos productos por su destino a la exportación no son disponibles para las familias más pobres, que en ocasiones deben conformarse con las calidades más bajas. Esto, en mucho, tiene que ver con el precio del mercado exterior y con las complicadas recetas con las que se preparan que no hacen fácil la consecución de los ingredientes para las amas de casa.
Una limitante fundamental para un mayor consumo interno, es la ausencia de cadenas de suministro y abasto permanente hacia centros de consumo. Si la producción es estacional, hay épocas de abundancia de productos y otras de escasez y, al carecer de infraestructura para almacenar o recursos económicos para financiar ese almacenamiento, los productores venden al término de la cosecha a precios muy bajos.
Un plan de producción y/o abasto calendarizado y convenido mediante un contrato, daría más confianza a todos los participantes de la cadena productiva. Vender cada año al primero que paga un poco mas no ha servido para crear las cadenas de suministro que garanticen un mayor consumo interno. Necesitamos consumir lo nuestro para ayudar a los nuestros, sobre todo a aquellos que organizados están ofreciendo lo que nuestra gente necesita en presentación, calidad y precio.

@jimenezmerino
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