+ Seminario de Desarrollo Político “Repensar al Estado, el Gobierno y el Desarrollo de México”

La desigualdad, el desorden, la ignorancia y el aislamiento han conspirado en México para impedir el diálogo y la comprensión entre los mexicanos. No se trata de abrir un único camino para el país, sino de asentar un espacio en común, afirmó Jesús Silva-Herzog Márquez, durante su conferencia “La idea de Nación”, que abrió el Seminario de Desarrollo Político “Repensar al Estado, el Gobierno y el Desarrollo de México”.
En el Salón Barroco del Edificio Carolino inició este ciclo de conferencias, cuyo objetivo es reflexionar sobre temas torales de la agenda nacional, al cual asistió el Rector Alfonso Esparza Ortiz, en compañía del titular de la Secretaría General de Gobierno en Puebla, Diódoro Carrasco Altamirano.
Al citar la idea de Nación del jurista y político mexicano del siglo XIX, Mariano Otero -“una gran familia que para ser fuerte y poderosa requiere que todos sus individuos estén íntimamente unidos con los vínculos del interés y las demás afecciones del corazón”-, Silva-Herzog Márquez afirmó que México no es ni puede llamarse una Nación, debido a la imposibilidad de construir tal unión por las diversas clases que la componen.
Tras señalar que el concepto de Nación es una idea que ha retomado fuerza en la discusión pública y política en el mundo, el analista político sostuvo que es imposible pensar en relaciones de reciprocidad y de cooperación en el país, cuando la economía está marcada por brechas y abismos sociales, “cuando la concentración de la riqueza está en manos muertas”.
El autor de La idiotez de lo perfecto, obra editada por el Fondo de Cultura Económica y traducida al inglés, cuestionó: ¿Cómo puede haber una casa común, cuando los mexicanos no tienen una suerte en común”, a propósito de la idea de Nación como la identificación de un espacio cooperativo.
Al hacer una retrospectiva histórica y disertar sobre el pensamiento de Mariano Otero, Silva-Herzog Márquez subrayó que el gran reclamo a la colonia española es no haber asentado instituciones, haber borrado todo pasado en estas tierras y dejar que México arribara a su independencia con “una manera perversa de pensar la política: una vía de aniquilación del otro, una guerra y definición del enemigo y por tanto exterminio de aquel que no es como nosotros”. A partir de esta concepción, dijo, es imposible construir una Nación.
En este contexto, consideró que la política debe ser “el arte de las conjugaciones: no puede ser victoria de un grupo sobre otro, sino fusión de grupos, partidos y visiones, y también conjugación del tiempo”.