Jaime Alcantara S.

Pobre México, tan lejos de Dios
Y tan cerca de Estados Unidos.
Atribuido a PORFIRIO DÍAZ.

Nuestra economía no va como quisiéramos. Eso lo estamos viendo. Las reformas siguen sin dar los resultados prometidos. Se dice que son las leyes secundarias, las que harán que se dé el jalón definitivo. Lo cierto es que aún seguimos sin ver el estirón.
Y los flancos son muchos, sobre todo para el señalamiento de aquellos malquerientes del régimen. Tal cual lo apunté en algún artículo, después de julio, del triunfo del Presidente Peña Nieto. Aquellos que sinceramente creían en el PRI y que vieron resultados en su gestión, dirían: bueno, ya regresó, ahora queremos resultados [inmediatos]; ellos pueden. Del otro lado, la presión (normal, por cierto) de quienes vieron frustradas sus aspiraciones: más de lo mismo.
Pero estamos en política, donde hay intereses (normal, también). Ahora bien, igual hay un entorno que nos arrastra, que nos envuelve. Y en este entendido, tenemos que ver lo que ocurre alrededor de una economía como la nuestra (por eso, esencialmente, sufragan los votantes en la actualidad). Se acabaron las ideologías y las tendencias doctrinarias. Veamos (sin justificaciones).
Lo más difícil (y lo más benéfico, pocas veces) para nuestra situación es la cercanía con el país más poderoso del mundo. El mercado de México depende esencialmente de allá. Así que su situación nos ayuda o nos perjudica. Y, en estos días, su comportamiento nos empuja en esa dirección. Parafraseando al Maestro Reyes Heroles: cuando a ellos les va bien, a nosotros regular, cuando a ellos les va mal, que Dios nos agarre confesados.
Hay varias señales que anuncian dificultades. Por ejemplo, hay contracción en su economía. La caída, en el primer trimestre, del PIB fue de un punto porcentual, como lo anunció el Departamento de Comercio (El Universal). Esto tiene diferentes causas. Una de ellas es la baja en el gasto del consumidor. El mismo Departamento reporta una disminución del 0.1 del consumo, en abril (El Financiero), tras un incremento en el mes anterior, que había sido el mayor desde agosto del 2009. Y esto puede ser un mal presagio para los resultados del segundo trimestre.
A esto, como condición lógica se suma la desconfianza del consumidor norteamericano que subió 2.2 por ciento. O, como lo quiera ver, la confianza cayó 2.2. “Una visión desfavorable del crecimiento de los ingresos empañó un panorama económico que de otro modo sería positivo (sic)… el índice general de la confianza… para mayo arrojó… una caída de más de dos puntos desde el mes anterior (El Economista).
Ahora bien, tampoco se trata de hacer lo que recomendaba Fox, cuando le preguntaron que qué haría para mejorar la economía. Respondió: rezar para que le vaya bien a Estados Unidos. No, tenemos que entender que el Gobierno está (debe estar) haciendo su parte para que, al margen de lo que ocurra con nuestros primos, se tengan condiciones para una recuperación que satisfaga las necesidades de la población.
El crecimiento aún es insuficiente. Sin embargo, ni Luis Videgaray ni Agustín Carstens o Ildefonso Guajardo tienen una varita mágica para hacer que lo nuestro se resuelva a la brevedad. De allí la idea de las reformas. Nos pueden gustar o no, eso es asunto de cada quien. Lo cierto es que se trata de ideas, salidas lógicas para que el crecimiento pueda estar en un 5% constante, que permita dar empleo a las generaciones que arriban cada año al mercado de trabajo.
Y hay que recordar que cada punto del PIB, crea más o menos 200 mil empleos y nosotros necesitamos generar algo así como un millón.
Estamos en el camino. Esperemos que no sea tan largo. Es asunto de echarle ganas