ARMANDO VALERDI
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La volatilidad y la incertidumbre que los mercados habían mostrado en todo 2016 ha regresado y con mucha intensidad, en esta ocasión debido principalmente a las amenazas de enfrentamiento hechas por el presidente de Estados Unidos a Corea del Norte. Así que los efectos de estas declaraciones se mostraron este fin de semana pasado en el índice VIX, también llamado índice del miedo, que mide la volatilidad futura en el S&P 500, que saltó la barrera de los 16 puntos, un nivel que no se había registrado desde el día que Trump fue electo para dirigir la Casa Blanca.

Al mismo tiempo, el S&P 500, registró una caída en la sesión de 1.45 por ciento. El Dow Jones y el Nasdaq también tuvieron fuertes descensos, de 0.93 y 2.13 por ciento, respectivamente, y en todos los casos obtuvieron las mayores pérdidas en al menos 2 meses. Por el otro lado y en contraste con las bajas generalizadas en activos de riesgo, el apetito por activos de refugio también registró un fuerte incremento. El oro al contado registró un alza de 0.68 por ciento, con lo que acumula rendimientos por 2.24 por ciento en 3 días. La plata, por otra parte, subió casi 1 por ciento, para acumular un rally de 5.20 por ciento en el mismo lapso.

Los bonos del Tesoro y el yen japonés también actuaron como refugio en la jornada, al registrar incrementos de 0.45 y 0.77 por ciento, en cada caso. No obstante que estos efectos han sido identificados con las situación de conflicto y las amenazas de Trump a Corea del Norte estas se dan casi coincidiendo con el décimo aniversario de la crisis financiera que aún padecemos y que dio su primera luz el jueves 9 de agosto de 2007 cuando los mercados financieros repentinamente se congelaron, por lo que hace más impactante las condiciones del entorno.

Si bien actualmente no parece que el sistema financiero se esté enfrentando a una amenaza inminente, tomando en cuenta que los bancos Occidentales están bien capitalizados, los reguladores están alertas, la economía global está creciendo y los bancos centrales están proporcionando apoyo monetario, pero por otro lado existen riesgos que no podemos dejar de lado, como la aparente tranquilidad que ha adoptado el sistema financiero y que cuenta con dinero, no habrá que olvidar el grado de endeudamiento mundial que aún existe y que dificulta aún más el comercio internacional, además las desregulaciones que ya se han operado dentro de estos 200 días del gobierno de Trump, además de lo que algunos opinan, entre los que se encuentra Timothy Heyman, en relación a lo que el Brexit y Trump representan y que llaman el cambio de ciclo o fin de un ciclo de internacionalización y el inicio de uno de desglobalización.

Por lo pronto hay que echar un vistazo a lo que Gillian Tett menciona acerca de que la mayoría de los inversionistas suponen en relación a que los bonos del Tesoro son libres de riesgo, y que los rendimientos de los bonos del Estado se mantendrán bajos durante mucho tiempo, situación que siempre se toma con seguridad pero a veces con ligereza, sobre todo que hace tan sólo unos días Alan Greenspan, el expresidente de la Reserva Federal, advirtió que los precios de los bonos “están en una burbuja” y que “cuando las tasas de interés reales a largo plazo se eleven, es probable que se eleven considerablemente rápido”.

De ser así, esto pudiera generar algunas inesperadas reacciones en cadena en las carteras de bonos y derivados de los inversionistas, los bancos y las compañías de seguros. No me malinterpreten. No estoy argumentando que tales choques sean inminentes. Pero el punto clave es éste: si queremos evitar una repetición de lo sucedido en 2007, debemos seguir cuestionando nuestras suposiciones y mirando con detenimiento las partes del sistema que parecen “aburridas” y “geeky”.

Sin duda la malinterpretación la dejamos a un lado, pero lo que no podemos dejar de lado es que la presencia de una nueva crisis siempre está presente, sobre todo porque pensamos que después de cada crisis se ha aprendido la lección que a cada uno le corresponde aprender y corregir lo mal hecho, pero lo que nos muestra la historia nos dice lo contrario, y el claro ejemplo es el libro de Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff cuyo título es “Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera”.

En lo personal el concepto de necedad en este caso es un manejo perverso de la naturaleza humana, sobre todo el manejo emocional, que en las finanzas siempre están presente, la avaricia y el miedo. Por lo pronto recordemos que invertir no es apostar, aun cuando en algunos casos así parezca, solo recordando que en el campo de las inversiones es más fácil ganar apostando por sucesos probables y bien analizados, que por aquellos improbables, sin dejar de lado que el análisis de la improbabilidad también cuenta, sino hay que preguntarles a los principales personajes del libro hecho película de Michael Lewis, La gran apuesta. Gracias