ARMANDO VALERDI

avalerdir@hotmail.com

El miércoles de la semana pasada, los mercados financieros internacionales tuvieron una jornada negra, en la cual se dio la peor caída del Nasdaq en 27 meses, sin duda un gran golpe para las tecnológicas.

Se consideran como principales culpables de este miércoles negro, en primer lugar a las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China que llevo a que se dispararan la volatilidad y el pesimismo.

La caída del Nasdaq llego a 4.08 por ciento, el Dow Jones retrocedió 3.15 por ciento; el S&P 500, lo hizo en 3.29 por ciento, el Eurostoxx 50, que agrupa a las 50 principales compañías de la eurozona, perdió 1.65 por ciento, México no se quedó atrás, aunque no con la misma intensidad, la BMV bajó 0.76 por ciento, el jueves once, las bolsas asiáticas abrieron con caídas de más del tres por ciento.

Otras de las posibles causas que los analistas consideran, además de las presiones comerciales, es  también este mal desempeño a la influencia negativa del sector tecnológico y a las presiones al alza en los rendimientos de los bonos. Se considera que las quinientas personas más ricas del mundo perdieron en este miércoles negro, casi 100 mil millones de dólares, según el Índice de Multimillonarios de Bloomberg.

La volatilidad, medida a través del índice VIX, también conocido como el índice del miedo, subió 44 por ciento, hilando cinco jornadas consecutivas al alza. Durante el presenta año la volatilidad ha regresado a los mercados con mayor fuerza, pues poco más del 18 por ciento de las sesiones bursátiles del índice S&P 500 ha presentado movimientos superiores a uno por ciento, tanto al alza, como a la baja. Esta proporción es seis veces mayor a la registrada en todo 2017. El VIX, que ha promediado 14 puntos durante este año, subió a más de 22 puntos durante la sesión del miércoles o 43.95 por ciento.

No obstante de esta caída en los mercados accionarios, no duda de que las monedas emergentes se han llevado una gran parte negativa de la volatilidad que se ha disparado a los niveles más altos desde el 2013, cuando el entonces presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, señaló el comienzo del fin de nuevas compras de activos por parte de ese emisor.

Estas señales de alarma en los mercados emergentes durante este año, provienen de un potente cóctel de elementos negativos, que incluyen factores específicos a cada país; como son el empeoramiento de las tensiones comerciales globales; también muchas de ellas vienen de un complicado calendario electoral y por consiguiente la incertidumbre que genera el cambio de gobierno, además de las condiciones financieras globales en el margen más estrictas, además de que las tasas de interés más altas en Estados Unidos están agregando estrés a los mercados emergentes al incrementar la competencia por el capital y llevar a los inversionistas a restablecer sus expectativas de rentabilidad para activos más riesgosos, especialmente los bonos y acciones de mercados emergentes.

Al respecto el Fondo Monetario Internacional (FMI),se ha percatado del creciente temor de que más países requieran préstamos conforme se acumulan los problemas de moneda y de deuda, por lo que con la caída de los mercados de capital asiáticos el jueves por la mañana, Christine Lagarde, la directora del FMI, indicó que se deben “usar todas las herramientas” a su disposición para contener las salidas de capital que inevitablemente se desencadenarían por el endurecimiento de la política monetaria en EU y por la creciente guerra comercial entre Estados Unidos y China. Además, advirtió de que “algunas de las amenazantes nubes grises han comenzado a oscurecerse aún más”.

Al respecto de la caída de los mercados financieros el miércoles pasado, Wall Street experimentó una venta masiva en medio de preocupaciones acerca del impacto del fin del dinero fácil y acerca de las tensiones entre EU y China. Inevitablemente, las acciones de los mercados emergentes  reflejaron las caídas de las acciones estadounidenses el jueves, con el índice MSCI EM perdiendo un 3 por ciento.

El estrés financiero que aqueja a las economías de los mercados emergentes  domino buena parte de las discusiones en las reuniones anuales de la reciente reunión de otoño del FMI y del Banco Mundial que se llevó a cabo en Indonesia la semana pasada.

Como en muchos casos, existe el lado de los optimistas, que señalan el hecho de que, desde la década de 1990, muchos mercados emergentes se encuentran en una posición más sólida, habiendo permitido que sus monedas flotaran y habiendo reforzado sus reservas de divisas.

Pero también hay que tomar en cuenta el lado de los pesimistas, que tienen temor de que Argentina y Pakistán representen sólo el comienzo de un contagio que habrá la posibilidad de una nueva crisis global, y que, en los próximos meses, el Fondo pudiera verse obligado a considerar préstamos a otros países que enfrentan problemas, incluyendo depreciación de las monedas, aumento de las brechas fiscales y retos en el servicio de la deuda exacerbados por el aumento de las tasas de interés.

Esta clase de entornos tan volátiles nos obliga a buscar las causas reales para no confundirse con los efectos y así evitar decisiones equivocadas, y muy importante, tomar en cuenta que la economía mundial no encuentra el rumbo perdido en la crisis del 2008.

 

Gracias