Por Jaime Alcántara S.

Uno de los grandes temas de los últimos años, para Candidatos y Gobiernos, es el empleo. Y, el discurso de Trump, en ese sentido, no es la excepción. En México, el gran eslogan de Felipe Calderón, después de replantear su campaña, en 2006, rumbo a la Presidencia de la República, lo fue este.
A mediados de la década pasada y, sobre todo, después de la hecatombe económica mundial, derivado de la crisis inmobiliaria, hicieron que muchos gobernantes tuvieran que buscar caminos diferentes a los que ostentaban en ese momento.
Por mi manía de dar siempre mi opinión, estaba buscando quién le explicara al Mandatario norteamericano lo que ocurre en la materia, de su queja. Pero como ya hasta Steve Bannon le hizo el feo, lo abandonó, pues, me veo en la necesidad de escribirlo.
Los grandes ricos de la historia, de no hace mucho, eran diferentes a los de ahora. Lo mismo Paul Getty, que John Rockefeller o Henry Ford, no aprobarían los exámenes, para estar en el exquisito rating de los últimos años.
Antes lo eran los jeques petroleros, los armadores de carros, los dueños de los bancos, de inmobiliarias, etc. Hoy es otro el negocio. Cuál, a veces nos preguntamos sin ver que está frente a nuestros ojos.
Se trata de algo sencillo: la venta de aire.
Si Mister Trump tuviera gente capaz y, claro, le hiciera caso, se encontraría con un panorama que se viene presagiando desde tiempo marxistas. Uno de los grandes capítulos de El Capital, del ideador del socialismo es ese, precisamente. ¿Su nombre?:
La Plusvalía Relativa.
En este ensayo, el alemán, desarrolla una interesante teoría, que en esos entonces era casi incapaz de imaginarse.
El asunto es sencillo. A partir de la automatización de los procesos industriales, las máquinas irían supliendo poco a poco la mano de obra. Algo tan simple como eso. Y, ese es el quid del asunto.
El último reporte de los ricotes del momento, nos dice que Bill Gates está otra vez a la cabeza, aunque Jeff Bezos, lo destronó por unas horas. En otro lugar envidiable anda Mark Zuckerberg. Por supuesto que por allí anda nuestro paisano, Carlos Slim, quien tiene un alto porcentaje de aquella mercancía. Y, se cuela Amancio Ortega, el dueño de Zara, Massimo Dutti y otras, quien tiene negocios diferentes.
Para los efectos de este artículo vale comentar que hoy día para vender el aire que producen los tres primeros, no requieren de tanta mano de obra. Sí, calificada, muy calificada.
Hace como cinco años escribí en este mismo espacio las diferencias que hay entre un fabricante de automóviles y Facebook, por ejemplo.
En tanto que la General Motors emplea a 250 mil trabajadores (más/menos) y, seguramente descenderá a medida en que se automatice más, el imperio del joven treintañero no pasa, quizá, de 5 mil.
Ah, el presidente de la armadora no tiene, ni por asomos, la fortuna de Zuckerberg.
Qué es lo que ha pasado. Muy sencillo, los procesos de hoy día para crear riqueza abundante ya no están en las grandes empresas, sino en los genios que crean el software.
Entendido así, el Presidente norteamericano, tendría que poner a volar su imaginación para revertir el proceso, a efecto de que los chips se vuelvan del tamaño de las ruedas de molino y, con eso, más trabajadores sean empleados en su fabricación.
De otra manera, como es, no hay vuelta de hoja. Cada día habrá menos empleos que tendrán que ir equilibrando el mercado laboral, a medida en que la tecnología cree otro tipo de trabajos.

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