Padre Nacho*

En París, “La Bastille” en 1789 era una fortaleza construida en el siglo XIV, que consistía en ocho torres redondas, conectadas por murallas de poco más de treinta metros. En el verano de 1789 la custodiaban 114 guardias bajo el comando del capitán Bernard de Launay. El martes 14 de julio, alrededor de 800 revolucionarios parisinos hambrientos decidieron asaltarla, como símbolo de la represión del rey Luis XVI y porque ahí almacenaban granos y alimentos. Con cañones capturados en Los Inválidos ( “Les Invalides”) y mosquetes rudimentarios atacaron la fortaleza. Los defensores podían luchar por más tiempo, pero al caer cerca de cien atacantes, de Launay quiso evitar más derramamientos de sangre y ofreció abrir las puertas, con tal de que los defensores fueran respetados. Los asaltantes ofrecieron garantías de seguridad; el puente principal fue abierto para su ingreso .Entraron inmediatamente y masacraron la guarnición, incluyendo a su comandante Bernard…Fueron liberados solamente siete prisioneros que tenía la fortaleza. Esto marcó el inicio de la Revolución Francesa, y tres años después La Convención en Francia derrocó la monarquía. Al día siguiente instauró la República el 22 de septiembre de 1792…¡Ochenta y ocho años después se aprobó como fiesta nacional francesa “el día de la toma de la Bastilla”!

Después de la “época del Terror” ( “Grande peur”, en el idioma galo), la República Francesa difundió a partir de 1893 la utopía de “la libertad, la igualdad y la fraternidad” ( transformada en 1940-1944 como “trabajo, familia y patriotismo” durante el gobierno de Vichy). Los ideales revolucionarios se fueron transformando paulatinamente hasta alcanzar el Imperio, con Napoleón Bonaparte, cuando el Senado lo nombró emperador hereditario el 18 de mayo de 1804 y ¡ocho días después, en Milán fue coronado como rey de Italia!…En consecuencia, el escritor algeriano-francés Albert Camus ( 1913-1960) tuvo razón cuando escribió: “Cada revolucionario termina como un opresor o hereje”. También afirmó lo mismo John F. Kennedy ( 1917-1963 y presidente No.35 de USA, del 20 de enero de 1961 al 22 de noviembre de 1963, cuando fue asesinado). El dijo lo siguiente, el 13 de marzo de 1962 en la Casa Blanca: “Aquellos que hacen imposible una revolución pacífica, hacen inevitable la revolución violenta”.

En México, nuestro país, podemos decir muchas cosas análogas. Por ejemplo: de 1910 a 1940, las luchas revolucionarias, armadas y violentas, nos heredaron las injusticias siguientes: la tercera parte de la riqueza nacional la acapara el 10% de los estratos más altos de la sociedad y la democracia mexicana se encuentra todavía en procesos de transición…¿En dónde quedó, pues, “la libertad, la igualdad y la fraternidad” de la utopía francesa?…¡También sucedió casi lo mismo con la Revolución Bolchevique en Rusia, de 1917 a la fecha!…¿Y de la Revolución Cubana qué es lo que sigue para el futuro inmediato?

* José Ignacio González Molina ejerce su ministerio en el Infonavit San Jorge ( prolongación de la 14 Sur y Periférico); como historiador egresado de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, la docencia en la Escuela Libre de Derecho. Difunde el programa “Suave Patria” los martes, de 18 a 19 horas en Radio Puebla ( anterior SICOM), 105.9 F.M. T.V., radio, facebook y podcast en www.puebla.mx