ING. OSCAR LÓPEZ MORALES

La repartición de candidaturas, producto de acuerdos o negociaciones y hasta “pago de facturas”, han llevado a una severa fractura y desbandada nunca vista en el Partido Revolucionario Institucional. El éxodo de militantes priistas que arrancó desde el año pasado no se contiene, crece como una bola de nieve.
Hay resentidos que en su afán de venganza se han refugiado en otras corrientes políticas, en partidos que han coqueteado y que abrieron las puertas para reforzar sus estructuras y para aprovechar la experiencia de los que sirvieron de “mapaches” en otrora y que dieron muchos triunfos al debilitado tricolor.
Los nombres son muchos, pero quien no sabe de Alejandro Armenta Mier que uso como trampolín al PRI para ganar una diputación federal y luego obtuvo el cobijo de Morena. Y que decir de José Alarcón Hernández, que en el gobierno de Peña Nieto logró una delegación de la secretaría de Educación Pública hasta que fue “exiliado” del sistema y cayó en el morenovallismo.
Recién, Víctor Gabriel Chedraui, hoy aspirante a la alcaldía de Puebla por el Partido Social de Integración (PSI), víctima de desaires, se sumó a esa desbandada . Hay quienes también sin tantos reflectores y menos trayectoria en cargos públicos, decidieron renunciar al partido por el que decían dar la vida, como Humberto Hidalgo Vargas que esta misma semana se dijo traicionado y decepcionado después de tres décadas de militancia.
Hoy, Carlos Alberto Morales Alvarez, presidente municipal de Huejotzingo, hará pública su salida del Revolucionario Institucional, acusando imposiciones gestadas por la dirigencia del partido que lo llevó a la alcaldía pero que esta convertido en un negocio de familiar.
Basta ver quienes están en las lista de candidatos a diputados federales y locales para entender el hartazgo y probablemente “capricho” de quienes han determinado trabajar con otras siglas y acabar por debilitar a un órgano político que tras la derrota del 2010 no logra levantarse.

LOS LEGISLADORES “CHAPULIONES”

Hablar de éxodo me remite a la legislatura local donde diputados que sin terminar su encargo, dejan su curul para ir en busca de otras aventuras en la política, ya sea presidencias municipales, diputaciones federales o senadurías.

Se trata de los llamados “políticos chapulines” de esos que ya no tendrían que existir pero que existen, y lo peor viven por años del erario público sin cumplir esas promesas que se hicieron en campaña y los compromisos que algunos firmaron ante notario.