Desde hace 23 años, en el Laboratorio de Neurofarmacología, de la Facultad de Ciencias Químicas (FCQ) de la BUAP, se estudian las enfermedades neurodegenerativas -como Parkinson y Alzheimer- que representan un gran reto para la ciencia al afectar la calidad de vida de los pacientes. Esta labor se fortalece con la vinculación con instituciones educativas y científicas, para favorecer proyectos conjuntos, estancias académicas y redes de colaboración, aseveró el Rector Alfonso Esparza Ortiz.
Al entregar obras de ampliación y remodelación, el Rector de la BUAP dio a conocer las modificaciones realizadas al Laboratorio de Neurofarmacología, con la colocación de sistemas de aire acondicionado y ventilación mecánica filtrada, de voz y datos, alarmas y videovigilancia, así como nuevas instalaciones de gas e hidrosanitarias.
La redistribución de los espacios y la entrega de mobiliario y equipo, con el fin de que los investigadores dispongan de infraestructura adecuada para realizar sus tareas e iniciar nuevos proyectos. Dada la importancia de la actividad científica, afirmó: “seguiremos apoyando la investigación para que sea un referente en la Institución”.
Por su parte, Jorge Raúl Cerna Cortez, director de la Facultad de Ciencias Químicas, reconoció la disposición del Rector Alfonso Esparza para atender las necesidades de este espacio de investigación, en cuanto a infraestructura física y equipamiento para medir la conducta y atenuar la aparición de padecimientos neurodegenerativos, acciones que además permitirán consolidar el trabajo científico del Cuerpo Académico de Farmacia Experimental.
Entender la fisiología del sistema nervioso y probar nuevos fármacos
En el Laboratorio de Neurofarmacología de la Facultad de Ciencias Químicas se estudian las causas probables de la acumulación de proteínas en la enfermedad de Alzheimer, como Beta-amiloide. Daniel Limón Pérez de León, coordinador de este laboratorio, especificó que particularmente se estudia la Beta-amiloide 2535, una fracción de la proteína general que provoca un efecto tóxico.
De igual manera, se estudian las causas y probables coterapéuticas utilizadas en el mal de Parkinson, para contribuir en los tratamientos actuales; igualmente, se analiza la toxicidad conductual sobre nuevos fármacos. Una tercera línea de investigación es el uso de extractos de cannabinoides, para mejorar procesos de aprendizaje y memoria.
Al destacar la remodelación del laboratorio, el doctor Daniel Limón mencionó la habilitación de áreas para el estudio de la conducta, en especial de los laberintos acuático de Morris y radial automatizado, los cuales son espacios cerrados, amortiguados, sin ruido y con temperatura adecuada para trabajar la memoria, aprendizaje y conductas motoras, en forma independiente y al mismo tiempo.
El laberinto acuático de Morris tiene una tina de agua de 180 litros, para estudiar la conducta de roedores. Mientras que el laberinto radial automatizado, de ocho brazos de acrílico, permite registrar el momento y las veces en que el modelo animal entra a determinado brazo para tomar alimento.
Con estos espacios, “los experimentos son más automatizados, cuantitativamente hay mejores resultados, el sujeto de experimentación está mejor y el estudiante realiza de manera adecuada los experimentos. Por consiguiente, se crean más espacios para la realización de tesis de investigación en licenciatura y posgrado”, afirmó Limón Pérez de León.
También el laboratorio dispone de equipo para realizar estudios de neuroquímica, de Western blot –técnica para identificar proteínas específicas-, de enzimas colinérgicas, estrés oxidativo, de inmunotensiones e inmunofluorescencia, entre otros.