• El Rector visitó comunidades de la Sierra Norte de Puebla para conocer el trabajo de los universitarios

BUAP. 30 de julio de 2017.- Año con año, estudiantes de la BUAP asumen un compromiso con el desarrollo regional de Puebla: participan como voluntarios en el programa de alfabetización que el Centro Universitario de Participación Social (CUPS) ha coordinado desde hace más de tres lustros en lugares marginados del estado. Durante la última campaña, la número trece, 106 alumnos atendieron a cerca de 600 habitantes de 46 comunidades de Chignahuapan, Zacatlán, Pahuatlán y Honey.
El Rector Alfonso Esparza Ortiz visitó dos de las cinco casas alfabetizadoras ubicadas en la Sierra Norte: las instaladas en los poblados de Acoculco y Tepeixco, en los municipios de Chignahuapan y Zacatlán, respectivamente. Tras hablar con habitantes beneficiados con el aprendizaje de la lecto-escritura y estudios de primaria, observó de cerca la labor de los universitarios y elogió su compromiso con el desarrollo social de la región: “La labor de los alfabetizadores de la BUAP es admirable. Crean sinergias en beneficio de las comunidades a las que asisten”.
Y es que mediante estas campañas anuales, los estudiantes –en su mayoría del nivel medio superior- contribuyen a mejorar la calidad de vida de los pobladores al aprender a leer y escribir y las ventajas que esto representa, mientras que fortalecen y amplían su formación con estas experiencias, mismas que les permiten comprender su papel en el devenir de la sociedad. Así, demuestran que es posible aprender enseñando.
Además, como una de las estrategias para generar confianza, los alfabetizadores imparten talleres comunitarios que hacen posible la convivencia con los habitantes y el aprovechamiento de los recursos que de forma natural se dan en cada comunidad. Con ese objetivo, este año se realizaron talleres de conservación y preparación de alimentos y actividades agrícolas, entre otros, que beneficiaron a más de mil 800 personas. De esta manera, explicó uno de los voluntarios, logramos su aceptación, generamos mutuamente conocimientos y habilidades para su vida.

Enseñarles a usar el poder de la palabra
Según el último censo de población, Oculco es una comunidad de mil 588 habitantes, de los cuales se estima que el 13 por ciento son analfabetas. Para llegar a este poblado de casi medio millar de viviendas, hay que recorrer desde su cabecera municipal –Chignahuapan- una carretera accidentada. Son aproximadamente 30 minutos de camino en los que se aprecian lagos, pequeños arroyos, campos de un verdor intenso y una gama de tonalidades, paisajes todos dignos de una postal.
En la primaria de la comunidad, sede de la Casa Alfabetizadora de Oculco, se dio la bienvenida al Rector Esparza y a miembros del CUPS, entre ellos su titular, Mirta Figueroa Fernández.
Tras un cálido recibimiento, los 18 jóvenes que habitaron esta casa expusieron su organización, los métodos de enseñanza (como el desarrollado por Paulo Freire: Palabras generadoras, que se considera parte de su “pedagogía de la esperanza”), las estrategias de inserción a las comunidades y la distribución de las actividades domésticas.
Las casas alfabetizadoras son lugares –generalmente escuelas- que las autoridades locales facilitan para que los estudiantes vivan durante las campañas y organicen su trabajo. En Oculco también mostraron las áreas de trabajo y los materiales y herramientas con los cuales desempeñaron su misión altruista, que comenzó –así como en el resto de los poblados- los primeros días de junio y concluirá la primera semana de agosto.
En Oculco se llevó a cabo, entre otros, el taller de preparación de donas. Mientras una de sus participantes, una mujer de aproximadamente 60 años de edad, amasaba la harina, confesó al Rector Esparza su satisfacción por haber asistido a todas las clases, pues ahora podrá ayudar a sus nietos a realizar sus tareas escolares. “¿Qué les iba a enseñar antes si todo se me había olvidado?”, comentó.
Mirta Figueroa, titular del CUPS, explicó que los alfabetizadores acuden a cada comunidad en dos ocasiones, para afianzar en los pobladores el conocimiento adquirido durante la primera visita. De la Casa Alfabetizadora de Oculco se coordinó el trabajo de cinco poblados más: Cuatelolulco, Terrerillos, Pedornales, Tenancingo y Ajolotla -esta última, la única en ser visitada por segunda vez.
Después de colaborar en la elaboración de donas triturando cacahuate con un molino manual, el Rector escuchó de voz de los alfabetizadores los trabajos escritos por los beneficiarios, como un oficio en el que varios lugareños agradecían a la BUAP, pues con lo aprendido podían comunicarse mejor con las autoridades agrarias, muy importante para la economía de la región, basada principalmente en la agricultura y ganadería.
José Pablo Hernández Maldonado, un campesino de 62 años, con su puño y letra escribió una carta dirigida al Rector Esparza, en la que además de agradecerle por respaldar esta misión altruista, lo felicitó por el ascenso a primera división del equipo Lobos BUAP. En respuesta, el destinatario dejó escrito un mensaje, el cual, gracias al trabajo de los estudiantes, podrá ser leído por don José sin necesidad de terceros. “De esta forma les demostramos que la lectura y la escritura son útiles, les enseñamos cómo incorporarlas en su vida”, comentó la maestra del aficionado.

Una experiencia para nunca olvidar
Del pueblo mágico Zacatlán a Tepeixco, un poblado de ese municipio, sólo es necesario un viaje de casi 30 minutos. Sin embargo, ambos puntos están separados por poco más de 80 curvas. Un denso bosque y profundos barrancos bordean este complicado camino, el cual no es impedimento para la labor alfabetizadora de los estudiantes de la BUAP.
Esparza Ortiz recorrió estas vialidades, a las que se habituaron los 24 voluntarios de la Casa Alfabetizadora de Tepeixco, un poblado de poco más de mil 200 habitantes, de los cuales 17 por ciento son analfabetas.
La visita del Rector de la BUAP a esta comunidad con población mayoritariamente indígena, coincidió con la fiesta patronal en honor a San Santiago Apóstol. La presencia de los alfabetizadores permitió registrar ese acontecimiento, pues una de las estrategias fue fomentar el uso de la capacidad lecto-escritora en su vida diaria. Un texto, video e ilustraciones sirvieron para mostrar con orgullo sus tradiciones.
Los jóvenes de la casa Tepeixco impartieron clases a habitantes de esta y otras diez comunidades: Tlaltempa, Xoxonacatla, Ayehualulco, Cruztitla, Jilotzingo, Atzingo, Santa Inés, La Cumbre, Huauchinancingo e Ixtlahuaca.
Mientras mostraban con orgullo los resultados de su trabajo, como el hecho de que sus talleres, particularmente sobre astronomía, de huertos y de robots, tuvieran una nutrida participación, sus caras no traducían el cansancio que supone su labor altruista en condiciones austeras, pero sí su satisfacción de sentirse parte de un proyecto que cambia realidades. Una voluntaria, tras narrar su experiencia, sostuvo que se despedirá de sus amigos –los alfabetizados- con una importante lección: “compartiendo lo poco que sé he aprendido mucho más, más creo de lo que ellos aprendieron de mí”.