Por Jaime Alcántara S.

“Se llama memoria a la facultad de
acordarse de aquello que quisiéramos olvidar”
DANIEL GELIN

Previo a esta magna celebración, se vieron muy activos a personajes escondidos detrás de las redes sociales. La intención era que la Ceremonia del Grito se viera desangelada; que no tuviera la convocatoria secular. Es decir que no se abarrotara la Plaza de la Constitución, hecho constante desde que se tiene registro.
El asunto fue que resultó lo habitual. A esto, seguramente aquellos mismos que le echaron ganas para boicotear el acto, empezaron a señalar que la celebración se había llenado con acarreados. Y, como dijeran en la fiesta brava: el asunto es que te coja el toro.
Pero lo más relevante de la conmemoración, creo, fue el fervor con que los asistentes vitorearon los “vivas” que el Presidente exhaló para recordar a los héroes que hicieron posible la expulsión de los colonialistas que nos tuvieron dominados por tres siglos.
Viene esto a colación, porque a veces pareciera como que el equipo del Presidente “se apanica” como dijera aquel.
Queda mucho por explorar en materia de comunicación, relacionado al hacer gubernamental de este sexenio. Lo visto el viernes por la noche es una de las muestras que pueden darnos una idea de lo que afirmo.
Quien piense que la historia le hará justicia a Enrique Peña Nieto, Presidente, está en un muy grave error. Si bien es cierto que el mandatario no ha escatimado esfuerzos para hacer de este país un lugar donde el futuro sea menos áspero, lo real es que está tejiendo en el vacío si se piensa en que le pondrán una estatua dentro de 20 años.
El aeropuerto, que se inaugurará quiénsabecuándo; los denodados esfuerzos en educación, para intentar la calidad que necesitamos para salir del subdesarrollo (no hay avance significativo sin calidad de educación), por mencionar dos ejemplos, no tendrán resultados evidentes sino hasta dentro de muchos años. Esto es, la labor es para dejar los cimientos de lo que se requiere para intentar igualar a países que ya alcanzaron otros niveles, que los sitúan a la altura del primer mundo.
Veamos un ejemplo, más que evidente.
En el ‘94, con guerrilla y todo, se puso en marcha el Tratado de Libre Comercio. Desde su concepción y ulterior desarrollo, casi no hubo pausa de sus detractores, para desacreditarlo. No obstante, dicho mecanismo económico, hizo posible que no obstante muchas burradas de Presidentes, el país alcanzara a expandir su poderío más allá de lo que hubieran pensado los más optimistas planificadores de la Administración Pública.
Y, qué se pensaba, y qué se piensa del articulador, del cerebro de ese magno instrumento.
¡Salinas, ah Salinas! Cuando se piensa en Carlos Salinas de Gortari, quizá por deformación de las opiniones múltiples que se expresan en ese sentido, tal vez por no tener la información precisa, casi cualquier ciudadano se acuerda de Marcos, de los asesinatos de Luis Donaldo Colosio, del Cardenal Juan José Posadas Ocampo, de lo que sea, menos de que gracias al siempre presente TLC, los mexicanos vivimos mejor que hace 23 años.
Ahora bien, lo que hace el Presidente es lo correcto. Cuál no lo es: la falta de resultados en materia de publicitación de los hechos.
¿La historia lo reivindicará? Lo dudo.
Si desde ahora no se le da el tratamiento a la imagen presidencial, por lo positivo de los hechos, a partir del 1 de diciembre, volverá a ser como aquel viejo epíteto: emisario del pasado.
Eso, si bien le va. Al tiempo.

jaimealcantara2005@hotmail.com