*Padre Nacho.

La figura del águila posada sobre el nopal procede de la leyenda de la fundación de Tenochtitlán ( del náhuatl “te-tl”, piedra; “nochtli”, tuna o nopal; “ti”, partícula eufónica; y “tlan”, lugar o abundancia: “tunal entre pedregales”. Para los antiguos mexicanos, el águila era el disfraz zoomórfico del sol, dios dispensador de la luz y dador de la vida; y la tuna, el corazón del ser humano ( “yolotl”), de cuyo líquido precioso, la sangre ( “chalchihua-atl”), se alimentaba el astro rey para emprender a diario su vuelo de oriente a poniente, y combatir a la noche para renacer victorioso en la aurora del día siguiente. La serpiente apareció por vez primera sujetada por el águila, en 1581, en una lámina del Atlas de la Historia de los indios de la Nueva España e Islas de la Tierra Firme del dominico fray Diego Durán. Durante el resto de la época virreinal el águila se presentó con o sin serpiente, en muchas ocasiones.

Proclamada la Independencia de México, la Soberana Junta Provisional Gubernativa ordenó en 1821 ( 2 de noviembre) el uso de un escudo con las armas nacionales, el cual consistía en un águila, con la corona imperial, posada sobre un nopal. Instaurada la República, el 9 de abril de 1823 el Congreso Constituyente dispuso “que el escudo sea el águila mexicana parada en el pie izquierdo sobre un nopal que nazca de una peña entre las aguas de la laguna, y apretando con el derecho una culebra en actitud de despedazarla con el pico; y que orlen este blasón dos ramas, una de laurel y la otra de encina”. Con la rama de la encina la fuerza, y con la de laurel la victoria.

Durante la Guerra de Reforma ( 1858-1860), el águila fue presentada con la cabeza a la izquierda por los liberales, o a la derecha por los conservadores; y sin corona o con ella, según la usaran las tropas republicanas o imperiales, en los tiempos de la Intervención Francesa. Después de 1867, se presentaron muchas versiones del águila republicana. Por esa razón, el 30 de diciembre de 1880 el presidente Porfirio Díaz Mori dispuso que se le colocara de frente, abierta de alas, majestuosa, muy al gusto francés de la época, y más adelante, el presidente Venustiano Carranza expidió el decreto del 20 de septiembre de 1916, por el cual se figuró el águila de perfil izquierdo, parada sobre un nopal que brota de una peña rodeada de agua. En los años siguientes no se logró unificar la representación de la insignia nacional, hasta que el presidente Abelardo L. Rodríguez ordenó el 5 de febrero de 1934 que se usara como único por las autoridades civiles, militares y del servicio exterior, y en monedas y medallas, el escudo cuyos modelos se depositaron en el Archivo General de la Nación, el Museo Nacional ( hoy de Historia) y la Casa de Moneda. El 30 de septiembre de 1966, previa una adición al artículo 73 de la Constitución General de la República, el Congreso quedó facultado para legislar sobre las características y uso de la Bandera, el Escudo y el Himno Nacionales. Por eso, el 23 de diciembre de ese año se expidió la ley correspondiente, promulgada por el presidente Gustavo Díaz Ordaz el 12 de marzo de 1968. Conforme a esta disposición, “El Escudo Nacional está constituido por un águila mexicana, con el perfil izquierdo expuesto, la parte superior de la alas a nivel más alto que el penacho y ligeramente desplegadas en actitud de combate, con el plumaje de sustentación hacia abajo tocando la cola y las plumas de éstas en abanico natural. Posada su garra izquierda sobre un nopal florecido que nace en una peña que emerge de un lago, sujeta con la derecha y con el pico, en actitud de devorar, una serpiente curvada de modo que armonice con el conjunto. Dos ramas, una de encino al frente del águila y otra de laurel al lado opuesto, forman entre ambas un semicírculo inferior y se unen por medio de un listón dividido en tres franjas que, cuando se representa el Escudo Nacional en colores naturales, corresponden a los de la Bandera Nacional”. La descripción del Escudo fue textualmente reproducida en la ley que sobre la misma materia decretó el presidente Miguel de la Madrid Hurtado el 30 de diciembre de 1983.

Desde tiempos remotos, el águila, de gran tradición del Pueblo y Senado de Roma ( S.P.Q.R.) pasó a simbolizar el poder del Estado, la altura de miras, lo superior o plenitud de vida; la serpiente, desde el Génesis de la Biblia, el pecado, lo inferior, lo rastrero y perverso que daña… Da pena que a veces en la Historia Patria y lamentablemente en ciertos momentos del presente algunos perviertan los significados y traten de ver en el águila el ejemplo de saqueo y rapiña que imitar y en la serpiente el modelo de veneno para matar…

* José Ignacio González Molina ejerce su ministerio en e Infonavit San Jorge; egresado de la Universidad Iberoamericana de la Cd. de México, como historiador, la docencia en la Escuela Libre de Derecho. Difunde los martes, de 6 a 7 de la tarde, el programa “Suave Patria”, en Radio Puebla ( antes SICOM, 105.9 F.M.), enlazada con las estaciones hermanas del Edo. de Puebla.T.V., podcast y radio: www.puebla.mx y Facebook.