Alberto Jiménez Merino
Director del Centro Internacional de Seguridad Alimentaria

Muchos años pensé que todos los niños tenían un río limpio, que todos pescaban bagres, mojarras y acociles, que todos comían pescado y cuando su mamá les decía que ya habían comido varias veces, había que venderlo para obtener ingresos que ayudaran a obtener otras cosas que necesitaran.
El río Mixteco nace en Oaxaca y recorre varios municipios del estado de Puebla. En su curso se junta con otros ríos hasta desembocar finalmente en el Atoyac y formar parte de la cuenca del Balsas.
En mi familia, muchas veces, de este río tomamos agua, muchas veces nos bañamos, y de allí, nuestros animales beben para saciar su sed además de ser la fuente de abastecimiento para el riego de nuestros cultivos.
Recuerdo que hace algunos años mucha gente vivía del río. Cuando éste crecía y la gente de comunidades del otro lado esperaban a que bajara su cauce, se les vendía comida o se les ofrecían servicios de traslado en hombros o en pequeñas embarcaciones.
Yo recibí de ese río las más grandes lecciones de vida y grandes beneficios.
Un día mi padre que cuidaba sus animales en la madrugada llegó a la casa con medio kilogramo de acociles, ese camarón de río que muchos mixtecos comieron alguna vez. Yo sólo lo ví y comí una sola. Luego, en mi recorrer el estado, lo encontré en San José Chiapa en el arroyo Ojo de Agua, en Tenampulco, en Xicotepec de Juárez y algunos otros municipios de Puebla. Y menciono lo anterior debido a que, a pesar de ser una opción de alimentación para algunas familias, en ninguno de los municipios en donde lo he localizado le dan especial cuidado, o más bien, ninguno.
De este río aprendí que nada es tuyo hasta que no lo tienes en la mano. Y es que, tras encontrar un anzuelo que dejó olvidado mi abuelo, Evodio Merino Gil, y el cual yo encontré por casualidad, una tarde le prometí a mi madre que al otro día le llevaría un pescado. Nunca prometí nada en la vida, sólo ese día y no resultó.
También aprendí a tener paciencia y a no menospreciar nada. La lección la adquirí una vez que pesqué una mojarra muy pequeña la cual destrocé y devolví al río ya muerta porque días antes había pescado un bagre de siete kilogramos. El resultado fue que, después de 5 horas no hubo ninguna pesca.
Según Herman Hesse, en su novela Sidharta, la mayoría de las personas ve a los ríos como un obstáculo que no permite llegar a visitar a los familiares, vecinos o hacer actividades comerciales. Sin embargo, al igual que este autor, yo siempre lo vi como una fuente de alimento, riqueza, beneficios y sabiduría.
Muchas veces mi familia y yo comimos pescado proveniente de este río, además de que mis primeros ingresos económicos los obtuve de la venta de bagre. ¡Un día pesqué uno muy grande!, pesaba siete kilogramos y lo vendí en 13 pesos en el año de 1968. Años después, en ciudad Altamirano, Guerrero, vi uno de 12 kilogramos.
De esta forma nació mi cariño y compromiso con los ríos, con la pesca y la acuacultura. No es la inteligencia ni la capacidad personal lo que te mueve. Al principio es lo vivido, lo aprendido, que con el paso del tiempo buscas mejorar e innovar; y así adquirí un gran compromiso con los peces porque sé que la mayoría de las personas sólo extraemos los recursos y casi nadie los repone. Esta situación se repite con muchos de los recursos naturales, por ejemplo la tala de árboles, el pastoreo incontrolado, la devastación de la fauna, la erosión de los suelos, el abatimiento de los mantos acuíferos y el poco cuidado de las especies marinas. En esta vida, todos tomamos para sobrevivir pero casi nadie pone o repone lo utilizado.
Ya con estas experiencias, la vida me permitió tener responsabilidades para fomentar las especies acuícolas. Y así, en el Canal Revolución en Tlahuac, Distrito Federal en ese entonces, cerca de Tlaltenco, volvimos a producir pescado a petición de las gente. Luego, en el municipo de Tehuitzingo produjimos Tilapia en estanques de tierra.
Ya como responsable de la Secretaría de Desarrollo Rural de Estado de Puebla, se impulsaron granjas acuícolas desde el año 2000 y, con mucha satisfacción veo que a la fecha se sigue haciendo aunque con muy escaso apoyo del gobierno estatal.
Posteriormente, como delegado de la Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) que encabeza el Gobierno de la República, nos echamos a cuestas la responsabilidad de rescatar el Bagre, la Acamaya y el Ajolote, especies nativas de nuestro estado. Mucho avanzamos apoyados por el Instituto Tecnológico Superior de Tlatlauquitepec, autoridades municipales y de los propios pescadores. En Chignahuapan, el presidente municipal, Enrique Rivera Reyes, impulsó mucho el rescate del ajolote. Por su parte, el p`residente municipal de Ayotoxco de Guerrero, Miguel Ángel Castillo Pérez, respaldó mucho el rescate de la Acamaya.
Hoy en día mi responsabilidad pública se acabó pero no mi compromiso por servir.
Actualmente, hemos iniciado un centro de reproducción de bagre para que nuestra gente, en más de 120 municipios de la Cuenca del Balsas, tengan crías para repoblar sus ríos y promover granjas. Además, ésto permitirá mejorar la alimentación, recuperar equilibrios ecológicos y mejorar la economía de comunidades ribereñas.
Por ello, es muy grato informar que este año en Santo Domingo Ayotlicha, municipio de Tlapanalá, el centro de reproducción estará listo para beneficio de miles de poblanos

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