ING. OSCAR LÓPEZ MORALES
 
Si bien es claro que la sociedad mexicana tiene clara desaprobación contra los políticos, todos, eso no puede ser motivo para que se registren agresiones como las que vimos en contra del líder de los diputados federales priístas César Camacho Quirós.
Sobre todo cuento estos ataques no fueron “espontáneos” de un ciudadano que se hubiera topado de repente con el priísta y se enfureciera al recordar que en diciembre cobró un jugoso bono navideño. No, el atacante, el tal Arne Aus Den Ruthen Haag tenía todo debidamente planeados pues en sus redes sociales subió todos los “preparativos” y hasta amenazas posteriores contra el diputado y contra otros como Ricardo Anaya, el dirigente de su ex partido.
Este sujeto, del que ya he dicho en este espacio, es un sujeto abusivo que se autonombró defensor de los derechos ciudadanos, es el mismo que creó su grupo de pillos denominado “poder antigandalla”. Esos mismos que llegan a las diferentes ciudades a quitar los objetos con los que, las empresas o dependencias públicas, apartan lugares de estacionamiento en el vía pública.
Ese mismo sujeto que usurpa funciones que le corresponden a las autoridades municipales de cada ciudad y que fue denunciado en septiembre pasado por una señora de la tercera edad quien lo acusó de robo al quitar los tubos que ella había colocado en la entrada de su casa como protección, pues ya la habían asaltado anteriormente.
Sin defender a los políticos, tan desprestigiados en este momento, la conducta de ese señor de origen australiano, ex panista y radicado en México, solo  incita a que se repitan actos de violencia y agresiones que mucho lamentamos hoy en nuestro país y que por el bien de todos, merecen ser sancionados.
Hace un par de años, cuando se llevaba a cabo una manifestación en la capital del país exigiendo la aparición de los 43 Normalistas de Ayotzinapa, un grupo de sujetos lanzó agua, piedras y un tambo contra el ex candidato a la presidencia de la República Cuauhtémoc Cárdenas en un acto por demás cobarde.
Aquella ocasión, el respetado Cárdenas Solórzano, lanzaba una reflexión que viene muy bien en estos momentos: ‘‘No se puede coincidir en todo; es decir, no hay unanimidades… me parece que estos sectarismos, alimentados sin duda por distintas actitudes, es a lo que conducen”.
Y tiene toda la razón, pues al rato, cualquiera, o el mismo sujeto,  va a pasar de los jitomatazos a las pedradas o luego tal vez, a las balas.
De verdad, el horno no está para bollos y de violencia estamos ya hartos en nuestro querido México.