+ El autor de 67 años de edad ha publicado cinco novelas

La narcocultura es un término que actualmente suscita opiniones a favor y en contra. Por un lado, se plantea que estas manifestaciones hacen una apología del crimen y coadyuvan a la tipificación de la violencia; por otra, se les reconoce como un reflejo del contexto de la obra. Las novelas de Guillermo Rubio están construidas, como él mismo relata, tomando como referente su experiencia. “He convivido tanto con la policía como con los criminales: sé cómo actúa la policía y cómo los criminales”.

Rubio relata al inicio de Pasito Tun Tun, su opera prima, el acercamiento a un mundo cultural y artístico que vivió, al ser asignado escolta de un reconocido personaje del mundo periodístico en abril de 1990. “Todo lo que yo escuchaba eran proyectos creativos y, si escuchas tanto de crear, te animas a entrar al ruedo”, afirma. Después de pasar gran parte de su vida laboral como policía y tener como única escolaridad la primaria, este cúmulo de experiencias lo movió a escribir su primera novela.

La Dirección de Fomento Editorial de la BUAP ha publicado dos libros de este escritor: Visitando al diablo, en 2014, y Una noche de suerte, en 2016. Así, el escritor tuvo una charla con los estudiantes de la Preparatoria Emiliano Zapata, con quienes compartió su experiencia como escritor. A continuación se presenta una entrevista con el autor:

-¿Cuál fue la razón que lo llevó a escribir Pasito tun tun?

-Cuando sucede el homicidio de los vigilantes de la Jornada por parte de un grupo guerrillero que se denominaba PROCUP, yo estaba en la Procuraduría del Distrito Federal, en un grupo encargado de la investigación de los grupos guerrilleros. Debido a esto, me mandaron a hacerme cargo de la escolta del director del periódico; yo manejaba su carro.

Empecé a conocer intelectuales en la rama de la literatura, pintura, etcétera. El director me pasaba libros de las personas que iba conociendo, por dar un ejemplo, Carlos Fuentes. Me decía que me lo prestaba y que luego lo comentábamos.

Sucedió el homicidio de Ruiz Massieu, el presidente del PRI en ese entonces, y se hace una opereta sobre el homicidio, donde salieron varios implicados. Viniendo de la casa de campo del director, una noche de domingo, escuchábamos la noticia sobre el homicidio y le dije que iba a hacer un texto sobre eso. De ahí salió Pasito Tun Tun. Esa novela la hice en tres, cuatro meses, la volví a hacer otra vez y la volví a hacer otra vez.
-Desde entonces, a la fecha, ¿cómo ha evolucionado su forma de escribir?
-El proceso ha sido bastante difícil. A la fecha no he podido encontrar una conjunción entre la corrección y el estilo; es con lo que he estado batallando. Puedes escribir hojas y hojas, como en el caso de una novela mía que fue rechazada de una editorial por cuestiones de estilo. No obstante, sigo escribiendo diario. Ya lo he tomado como una profesión. No hay ninguna educación literaria previa a esto para mí.

-¿Cuál es su postura con relación a la narcocultura?

-Pasito Tun Tun y El Sinaloa no son apologías al crimen, sino que son una reconstrucción de lo que hay atrás del escenario, de cómo viven estas personas. Lo que trato de reflejar son personajes que están en la cúspide de su vida o carrera criminal. Les va muy bien, pero lo que les va a suceder es lo que les pasa a todos los delincuentes: tienen que pagar por lo que hicieron.

-En Pasito Tun Tun se presenta un modelo del “macho mexicano” en contraposición a Tony, una chica transexual. ¿Cree usted que la imagen del “macho” esté viviendo un cambio en la sociedad mexicana?

-Yo creo que va decayendo. Usualmente el macho mexicano estaba representado por los tipos de los altos de Jalisco o los charros, por ejemplo, pero en la actualidad se ha diluido. Todo ha ido cambiando conforme avanza la cultura. Antes esto era más cerrado.