• El proyecto es importante y por supuesto que lo evaluamos, pero ponemos mayor atención en el capital humano que lo integra ya que hay muy buenas propuestas: Polanco Rojas
El Centro de Innovación y Competitividad Empresarial (CICE) de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) contempla entre sus propósitos impulsar la creación de empresas, algunas de base tecnológica, que permitan no solo dar respuesta a demandas económicas de la región sino que fomenten en los investigadores la conformación de sus propios modelos de negocio a partir de sus desarrollos tecnológicos.
El CICE, creado desde 2011, se apoya en un modelo de incubación para conformar a micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYME). En sus inicios contempló solo modelos tradicionales y en 2014 obtuvo la certificación de Incubadora de Alto Impacto por parte del Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM), lo que abrió las puertas a modelos empresariales con un crecimiento exponencial calculado en un periodo de 2 a 3 años.
Fue a partir de 2016 y lo que va de 2017 que el apoyo se concentró en empresas de base tecnológica. Es así como el CICE en 2016 trabajó con 11 proyectos de este tipo y en lo que va del 2017 con 9 proyectos, aunque a finales de este año ya planea albergar a propuestas que no necesariamente se vinculen con la innovación tecnológica.
Eduardo Polanco Rojas, director del CICE, dijo en entrevista, que propuestas de proyectos hay muchas; sin embargo, el número de incubados se restringe a los modelos que plantean una mayor maduración tecnológica de sus productos.
Como parte de las estrategias para captar a los emprendedores, Eduardo Polanco resaltó que el CICE recurre, entre otras cosas, a un programa de preincubación que consiste en un concurso universitario de prototipos, enfocado solo a estudiantes de la BUAP, en la que equipos multidisciplinarios exponen sus proyectos de base tecnológica para resolver una necesidad específica de la sociedad.
Una vez aceptados, el proceso de incubación tiene un tiempo de duración de un año a 18 meses, dependiendo del proyecto, y contempla el seguimiento después de constituida la empresa. Entre las fases que abarca este modelo destaca la capacitación, conformación del plan de negocios (preincubación); lanzamiento y tutoría empresarial y posteriormente seguimiento y difusión de la empresa.
“El proyecto es importante y por supuesto que lo evaluamos, pero ponemos mayor atención en el capital humano que lo integra ya que hay muy buenas propuestas, muy buenas ideas, pero a veces lo que falta es el compromiso y esto es lo que generalmente conduce al fracaso”, señaló Polanco Rojas.
Reconoció que la deserción que se da en el proceso de la creación de una empresa se debe a que se enfrentan diversos retos y muchas personas no siempre están convencidos se buscar alternativas para llevar hasta el final de la planeación.
“Lo que nosotros hemos notado es que los proyectos no llegan a buen término no por la idea o el proyecto en sí, sino porque el equipo va desistiendo conforme observan los obstáculos que se van presentando, por eso nuestra evaluación no es tanto técnica, sino más bien medimos la maduración tecnológica y el compromiso de los integrantes del equipo”, finalizó.