Alberto Jiménez Merino
Director del Centro Internacional de Seguridad Alimentaria

“Ya se perdieron las cosechas este año porque no llovió para la maduración del maíz, la calabaza y el frijol” -me platicaban hace unos días campesinos de la mixteca poblana.
El clima está cambiando, la agricultura y la alimentación también. Así lo destaca este año la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) que desde 1979 celebra, cada16 de octubre, el Día Mundial de la Alimentación.
La alimentación es una necesidad fundamental para la humanidad y quien no la ha resuelto no puede pensar en proyectos, en otras metas, ni en la grandeza de su desarrollo y, por lo tanto, ha sido un error pretender resolver con proyectos productivos algunas de las necesidades más básicas como la falta de agua y de alimentos. Desde mi perspectiva, si no se resuelve el roblema de la alimentación, los proyectos no pueden cumplir la función de generar ingresos. Es por ello que los proyectos son pues, una segunda etapa.
Reconociendo que el cambio climático es una realidad comprobada, al tener fenómenos más frecuentes, más intensos y más devastadores que están provocando fuertes impactos en la agricultura y la disponibilidad de alimentos, la FAO recomienda a los gobiernos invertir más en sus planes de acción climática y en apoyo a los pequeños productores.
En el mundo, ante una población creciente que en el año 2050 se estima sea de 9 mil 600 millones de personas, se ha previsto una necesidad cercana al 60 por ciento más de alimentos, un gran reto si tomamos en cuenta que la pesca marítima se estancó hace más de 20 años, la fertilidad y capacidad productiva de las tierras se ha ido reduciendo y el deterioro del suelo es hoy uno de los principales problemas ambientales mundiales.
De igual forma, hay problemas en la disponibilidad de alimentos ya que más de 900 millones de personas no tienen acceso a comida suficiente a nivel mundial; tan sólo en México, más de 25 millones de seres humanos no tienen el ingreso suficiente para adquirir la canasta básica y, debido a esto, se generan algunos de los problemas nutricionaes más importantes en los sectores poblacionales más amplios.
Puebla no es la excepción. De acuerdo con los datos más recientes presentados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) este es uno de los 5 estados con más muertes por desnutrición entre la población menor de 5 años además de que, uno de cada cinco niños poblanos presenta desnutrición.
Sin embargo, existe también el lado opuesto a esta problemática ya que amplios sectores de nuestra población tienen sobrepeso y obesidad; 7 de cada 10 personas mayores de 15 años y 4 de cada 10 de los menores de 15 lo presentan. Esta es una de las principales causas de la diabetes y algunas otras enfermedades como la hipertensión, impactando severamente en el gasto público de salud el cual ya no se da abasto para atender la creciente cantidad de enfermos.
Pese a toda esta problemática aquí mencionada, es importante resaltar que nadie nos orientó sobre qué comer, cómo ni cuánto y es por eso que aún podemos ver el uso de grandes cantidades de aceites y grasas en la elaboración de los alimentos o muchas combinaciones de harinas contra una reducida cultura por el consumo de verduras y frutas. Y esto, es completamente independiente a la capacidad adquisitiva o disponibilidad.
Enseñar a comer, alimentarse y nutrirse es una tarea pendiente del sistema escolar así como también lo es la enseñanza de cómo producir los propios alimentos en pequeños espacios tales como el huerto y la granja escolar o las parcelas escolares que den las bases necesarias para impulsar huertos y granjas familiares como parte de la base en la formación de personas con mejores herramientas para asegurar su autoconsumo y producción comercial. El que no puede lo menos no puede lo más.
Y en la currícula educativa no sólo no se incluyen estas opciones, sino hasta se han visto con cierto menosprecio dentro del sector educativo y en los programas públicos de apoyo y fomento.
En México no hay una política de seguridad alimentaria, excepto de algunos programas aislados, por cierto muy nobles, como apoyos estatales con despensas DIF, programa PESA-FAO y, más reciente el programa de agricultura familiar urbana y periurbana.
Una de las principales causas de este bajo interés en los programas alimentarios en México es el tamaño reducido de las unidades productivas y el predominante trabajo individual de los productores; este hecho ha complicado la promoción y organización de los mismos así como el acceso a apoyos que mejoren la tecnificación y eleven la productividad agroalimentaria.
La tecnificación con centrales de maquinaria y servicios integrales de capacitación, asesoría, análisis de suelos, aguas y plantas, a nivel comunitario y regional, aún están muy lejos de lograrse. La incorporación de la agricultura de conservación y alto rendimiento, la agricultura protegida y de precisión y la agricultura orgánic,a todavía necesitan de un mayor apoyo a nivel de las políticas públicas, educativas, de apoyo y de fomento.
La alimentación como necesidad básica en fundamental para la gobernabilidad. Junto con el agua, son los factores más sensibles para una adecuada convivencia. Poor ello, cuando no son atendidas adecuadamente, los gobiernos no pueden tener tranquilidad en su gobernanza.
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