Liébano Sáenz

Una de las evidencias más reveladoras de esta nueva circunstancia se presenta en Nuevo León, donde la incursión de un candidato independiente ha modificado las coordenadas de la disputa tradicional por el poder local asociada al binomio PRI – PAN. Con amplia ventaja en las intenciones de voto, el PRI en el estado sí ha entendido el humor social hostil a los partidos y escéptico ante los gobiernos. Su candidata a gobernadora, Ivonne Álvarez, es una opción diferente no sólo por género y juventud, sino por historia personal y carisma, atributos que la llevaron a la candidatura por encima de otros correligionarios de muy alto perfil político y profesional. El independiente Jaime Rodríguez, priísta hasta septiembre pasado, supo articular el ánimo opositor para competir con eficacia en el mismo mercado electoral que el PAN.
A diferencia del PRI, el PAN tuvo un proceso accidentado para seleccionar a su candidato a gobernador. Felipe de Jesús Cantú, buen político, llegó a la candidatura tarde y en un entorno partidista fragmentado que motivó al ex gobernador sustituto, Fernando Elizondo, a postularse por un partido de izquierda, con resultados magros pero muy negativos para la imagen del PAN. La fortaleza histórica del PAN en Nuevo León permitía creer que la campaña a la gubernatura podría ir en ascenso. Sin embargo, éste no ha sido el caso, da la impresión de que a un mes de iniciada la contienda, todavía no se dan cuenta que Jaime Rodríguez está compitiendo en su espacio.
En un entorno de tres contendientes competitivos, el manual de estrategia señala que para ser segundo antes hay que vencer al tercero en la disputa. El error no está en el candidato, sino en una estrategia de comunicación que no advierte que el mercado natural del PAN es conformado por quienes se oponen al PRI, lo que comparten con el otro candidato en disputa. Esto significa que la campaña no puede limitarse a una embestida contra el partido que hoy ocupa el primer sitio sin calcular el efecto colateral, pues como se vio en 2012 con Josefina Vázquez Mota, esta táctica implica beneficiar a la otra opción opositora, un error que explica en parte las elevadas cifras de intención de voto a favor del candidato Jaime Rodríguez, ya por arriba del PAN. De no haber corrección, es muy probable que se reproduzca la escena de la contienda presidencial de hace tres años en la que los ataques del PAN al puntero, sólo sirvieron para hacerle campaña a Andrés Manuel López Obrador quien terminó en segundo lugar.
Los partidos pequeños también son parte importante de la contienda; no necesariamente por su alcance electoral, sino por el sentido político que plantea la pluralidad. Por ejemplo, la acreditada organización civil ¿Cómo vamos Nuevo León? organizó un debate en este estado y sólo convocó a los cuatro candidatos con mayor intención de voto, dejando fuera a los otros seis. El rechazo a la exclusión, no sólo del órgano electoral, sino la que proviene de la propia población, cobra relieve, según muestra estudio de opinión de SDP Noticias. El mensaje en Nuevo León es claro: a los partidos pequeños, ya con el registro legal en la mano, se les tiene que respetar su condición de iguales. Otra jugada maestra en la partida.