Mal y de malas está el gobierno municipal de Tlatlauquitepec, pero bien dice el dicho, “Segundas partes nunca son buenas”.
Y es que el alcalde Ángel Guerrero no suficiente con la pobre administración que hasta el momento realiza, con problemas sociales al interior de las comunidades, mala gestión de recursos ante el gobierno federal y estatal, compromisos duros con militantes de otros partidos más que con los blanquiazules, ahora se le suma la penosa evidencia de la muerte de un asegurado directamente al interior de los separos en la comandancia municipal.
Esto, pecado capital, sobre todo, tratándose de un caso como si en su propia casa entrara alguien y mientras el alcalde se siente en la sala a comer palomitas, el intruso se da el privilegio de esculcar y extraer todo a placer.
¿A caso tal ineficiencia del alcalde Ángel Guerrero ha llegado al límite de solicitar su renuncia?
Personalmente considero que no.
Pedir la renuncia de cualquier funcionario público es un acto de desesperación sin sentido, un grito exasperado de desprecio en un país, estado o municipio como Tlatlauquitepec, que carece de mecanismos reales y su ineficiencia para no responder a las responsabilidades de su mandato.
Lo único peor que renunciar a un cargo es renunciar a ejercerlo. La declaración social y del gobierno municipal debe ser, en efecto, reconociendo el fracaso de la autoridad para cumplir con lo que fue su primera promesa de gobierno, “brindar seguridad a la ciudadanía”, esto, es más que preocupante. Reconocer que no pudo con un simple aseguramiento, aunque triste, un acto de la falta de instalaciones adecuadas y supervisadas, además de la ausencia de capacitación por parte del cuerpo de seguridad pública y de quienes se encuentran al frente de este, lo que se convierte de igual forma, en un atentado contra la ciudadanía.
Lo más urgente es señalar responsables, entender quiénes son, qué hacen y qué deben hacer para que el municipio comience a avanzar, pero también hace falta entender qué han dejado de hacer para tenernos en este estado de crispación e incertidumbre.
¿Qué hizo Ángel Guerrero desde 2013 cuando se le nombró presidente electo? Parece que hizo dos cosas esencialmente importantes para él: posiblemente asegurar los compromisos políticos y personales con quienes los apoyaron en campaña, y fomentar una falsa imagen de un municipio estable con una fantasía discursiva, actualmente, descubierta por golpes de realidad, por golpes mortales.
Efectivamente, Ángel Guerrero y sus regidores, junto con sus aliados que pertenecen a diversos partidos, también han movido a Tlatlauquitepec, lo han movido hacia el abismo a
través de la negación sistemática de problemas centrales como la pobreza, el abandono del campo, la desigualdad, la inseguridad sistémica y la falta urgente de empleos formales.
Esa es la realidad de la deplorable situación de nuestro municipio en el que el único que no cuenta es el ciudadano, curiosamente el que con su voto lleva al poder
A estas alturas poco importa la narrativa, simplemente porque lo que digan será tan creíble como la explicación del compadre y su vaca.
Ahora sí que ¡Dios nos guarde de la discordia!
EN LA GRANJA TEZIUTECA
Para muchos, parece que fue ayer. A unos meses de distancia de una derrota sin culpa pero si, pecando un poco de inocente, parece increíble con los aditamentos y ajustes propios de la política aplicada a la realidad, hoy por hoy, Reyes Cardoso de forma discreta pero lucida en lo práctico, teórico y mediático, se encuentra a un paso de ser el abanderado tricolor a la diputación federal por Teziutlán, posiblemente con Nancy de la Sierra o Laura Zapata, pero sin temor a equivocarme, Jorge Juraidini no le alcanzaría el gas para alcanzar el recorrido del rector del IES. Reyes Cardoso, el único de los cuatro que contempla el CEN del PRI, y que mantiene la escuela priista y política, para competir con Pablo Piña y que mejor, que acompañado de una excelente mujer y política como Nancy de la Sierra o Laura Zapata.