• La película es imperceptible sensorialmente y permite una extensión de su vida útil de siete a 10 días: Santacruz Vázquez

A través de la técnica de electrohilado, Verónica Santacruz Vázquez, investigadora de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), creó biopelículas para aplicarse en las frutas y alargar su vida útil hasta por siete días, al aplicar esta capa protectora que retrasa el proceso de descomposición y oxidación.
La académica de la Facultad de Ingeniería Química (FIQ) explicó en entrevista que no es un procedimiento tecnológico nuevo, pues data del año 1934; sin embargo, refirió que en los últimos cinco años este método de trabajo ha cobrado relevancia, sobre todo en países de origen asiático.
“La técnica permite producir fibras de diámetros micro y nanométricos a través de un equipo con una bomba conectada a una aguja capilar, una fuente de alto voltaje y un cilindro colector que mide de 10 a 15 centímetros de ancho”, comentó.
Comentó que en el caso de nuestro laboratorio, este equipo de electrohilado fue construido con apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) para la producción de fibras, mismas que hemos utilizado para su aplicación en alimentos, pero también se han probado en otras áreas como materiales
Para elaborar biopelículas, el proceso inicia con la elección del compuesto activo que será encapsulado, puede ser vitaminas, aceites esenciales, antimicrobianos e inclusive bacterias ácido lácticas. El segundo paso es la determinación del biopolímero que permitirá la encapsulación.
“Por ejemplo, en el caso de la biopelícula para alargar la vida útil de las frutas se utiliza como biopolímero el alcohol polivinílico, mientras que el compuesto activo son algunos extractos de plantas como la canela”, indicó.
Indicó que después de esto, se realiza un diseño de experimentos para identificar las composiciones o concentraciones de ambas fases, es decir, del compuesto activo y del biopolímero encapsulado. Después, explica la doctora Santacruz, se determinan las propiedades reológicas del fluido a electrohilar ya que ese factor limita la formación de las fibras.
El equipo funciona mediante una descarga eléctrica que puede ir entre 10 y 25 kilovoltios y eso provoca que de una gota del compuesto activo se forme la fibra, es decir, las cargas eléctricas se atraen por un rodillo o cilindro colector y así la gota adquiere una forma elongada para hacer una fibra debido a la atracción de las cargas y la tensión superficial.
“Durante la experimentación te vas dando cuenta de las cantidades que se deben adicionar y que deben cumplir con ciertos parámetros para ser efectivas. Con 0.1 mililitros se puede formar una película de 10 por 10 centímetros”, comentó.
Una vez que se formaron las fibras, estas se adhieren a hojas o foil de aluminio u otro tipo de material en el que se desea colocar la película, se forma la película observamos que el equipo permite obtener fibras muy estables, con un tiempo de vida útil de un año a temperatura ambiente, pero que mantenidas en un ambiente adecuado pueden tener una vida útil más prolongada”, añade la titular de la investigación.
Al colocarse esta biopelícula, añadió, en el caso de la manzana, plátano o tomate, el agente microbiano encapsulado se libera de una manera controlada, y con ello se controla también el crecimiento de microorganismos que provocan la oxidación y descomposición de la fruta al ser cortada o almacenada en lugares húmedos.
“Lo que buscamos es el empleo de biopolímeros encapsulables que no sean tóxicos, que tengan dosis permitidas por la FDA (Administración de Medicamentos y Alimentos) y por la normatividad mexicana, esto es que no presenten efectos tóxicos, mismos que puedan ser empleados para la encapsulación de compuestos activos de libración controlada”, finalizó.