+ Realizó su etnografía sobre la carne – producción , venta y corrupción-

Uno de los espacios de comercialización más importantes del país, principalmente para la región centro-sur, es el Mercado de San Juan, en la Ciudad de México, un punto de venta que ejemplifica dos de los males de su producción: la precariedad del empleo y los bajos estándares de calidad en los productos y derivados.
Ahí la jornada laboral inicia a la medianoche y concluye en las primeras horas de la mañana; a las diez el mercado está totalmente cerrado. Cerca de las 22:00 horas, los trabajadores hacen fila para comenzar la chamba, una dinámica que se reduce a cargar carne, de rastro a camioneta, de camioneta a mercado… “Así todos los días. En San Juan no hay vacaciones ni días feriados, ni domingos familiares o de iglesia. Se trabaja en Navidad y Año Nuevo porque en México se come carne y la producción nunca se detiene, cierra sólo en Semana Santa, por la vigilia”, aseveró Zoe Castell Roldán.
Ella vivió y trabajó tres meses y medio en este mercado, unos de los más antiguos de la ciudad, con más de seis décadas de operación, para concluir su trabajo “Mercancía dañada. Carne y carnales al oriente de la Ciudad de México”, con el cual obtuvo el grado de maestra Cum laude en Antropología Sociocultural por la BUAP.
En ese tiempo, la universitaria identificó dos graves problemas: entre quienes participan en esta cadena de valor (ganaderos, vendedores, cargadores y transportistas), elevada precariedad que menguan su calidad de vida; mientras que en la mercancía, altos niveles de clembuterol y estándares de calidad inferiores a los recomendados para el consumo humano.
En su etnografía sobre la carne, Castell Roldán describe y analiza la cadena de producción en los espacios conurbados entre la capital del país y el Estado de México, desde Tlalnepantla hasta Chalco de Covarrubias, concentrándose en el Mercado de San Juan, ubicado cerca de Ciudad Nezahualcóyotl, muy próximo a la estación del Metro Canal de San Juan, donde es ambiguo el inicio y el final de las demarcaciones.
Establecer una estadística oficial sobre la cantidad de kilogramos que se vende ahí es muy difícil, pues gran parte de la comercialización se realiza ilegalmente. En San Juan se vende a partir de media res solo a carniceros mayoritarios. En un día, un ganadero llega a vender 150 reses, pero esta cifra es muy volátil, ya que las transacciones dependen mucho de las redes que ellos mismo establecen.
En su estudio, Castell Roldán dio cuenta de lo que ella llama un “contubernio entre productores, vendedores mayoritarios, ganaderos y jefes de rastro, con representantes del Estado”, que ocasiona un marco de corrupción e ilegalidad en cada uno de los eslabones de esta cadena, cuyo resultado es la venta de un muy mal producto y la falta de dignidad en la vida de los trabajadores.