+ Es autor del programa Del aula al Universo, un proyecto que ha beneficiado a 950 escuelas, a lo largo y ancho del país

Alberto Cordero Dávila, investigador de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la BUAP, es el autor del programa Del aula al Universo, que ha hecho posible que casi mil escuelas del país cuenten con al menos un telescopio propio. Considerado uno de los mejores ópticos del país, obtuvo el Premio “Cabrillo de Oro” por parte de la colaboración científica internacional del Observatorio Pierre Auger de Rayos Cósmicos Ultraenergéticos, debido a que el diseño de los telescopios –de su autoría, en colaboración con sus estudiantes- logró imágenes de buena calidad en campos de visión inesperadamente grandes. Doctor en Óptica, es nivel III del Sistema Nacional de Investigadores. Para él, “un país con tanta pobreza (como México) nos debería doler a todos”.
El precio promedio de un telescopio es de 8 mil pesos. A la fecha, alrededor de 950 escuelas secundarias y preparatorias del país han podido adquirir uno a menos de la mitad de dicho costo, gracias al proyecto Del aula al Universo. La iniciativa, emprendida hace aproximadamente cinco años en el Laboratorio de Pruebas Ópticas de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas (FCFM) de la BUAP, está a cargo del doctor Alberto Cordero Dávila, docente de la unidad académica y miembro del Sistema Nacional de Investigadores, en el nivel III.
No obstante, el inicio de su trabajo en el área de la Óptica y las ciencias exactas se remonta décadas atrás. Desde pequeño tuvo una inclinación casi natural a las labores prácticas, dado que su padre fue carpintero y entre sus tíos había herreros y mecánicos. “Hacía trabajos en el taller de mi padre. Él era innovador: le gustaba mucho hacer máquinas”, afirma sentado en su cubículo. Guarda silencio unos segundos y revira: “quizá en algún momento hubo un cambio en mí: fui seminarista”.
Si bien estudió durante cinco años en el seminario, el doctor en Óptica por el INAOE destaca su interés en ese periodo por materias como Matemáticas, Física y Química. Más tarde, decidió abandonar la formación eclesiástica y pensó en cursar la carrera en Medicina: “Me parecía atractivo, pero existió el pretexto para no ingresar y dejé la idea guardada en el clóset para un futuro que no llegó nunca”. Al contrario, lo que sí aconteció después fue su acercamiento a las ingenierías civil y mecánica; sin embargo, tampoco permaneció mucho tiempo en dichos planes de estudio.