• El investigador de la Facultad de Economía de la BUAP será galardonado con el Blue Planet Award que otorga la fundación alemana Ética y Economía

Huberto Juárez Núñez, investigador de la Facultad de Economía de la BUAP, especialista en la industria automotriz, será condecorado con el International Blue Planet Award que otorga la Fundación Ética y Economía, en el marco de la entrega de los Ethecon Awards 2016, el próximo 19 de noviembre, en Berlín.
La fundación alemana, una de las pocas desde abajo que aglutina esfuerzos por los derechos laborales y cuyo leit motiv es “por un mundo sin explotación y sin opresión”, reconocerá en el investigador una praxis política al lado del movimiento obrero.
Tras una década de haberse instaurado, el Blue Planet Award será otorgado por primera ocasión a un mexicano: a Huberto Juárez, investigador Titular del Centro de Estudios para el Desarrollo Económico y Social, de la Facultad de Economía de la BUAP, institución a la cual ingresó en 1974 como auxiliar de docencia y dos años más tarde profesor hora clase de Economía Política, una asignatura que hoy sigue impartiendo y desde la cual infunde en sus estudiantes el pensamiento crítico.
Dicho premio ha distinguido a activistas por la paz, como el eslovaco Tomo Kriznar, en 2014, autor de documentales sobre los devastadores efectos en las zonas de guerra en Darfur, Sudán. En 2013, a la sobreviviente de la Orquesta Femenina de Auschwitz, Esther Bejarano, activista por la paz, el antisemitismo y contra el racismo. Y en 2012, a Jean Ziegler, Relator Especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación entre 2000 y 2008, profesor de sociología en la Universidad de Ginebra y La Sorbona, en París, autor de numerosos libros, entre éstos El oro nazi, el cual detalla el papel de los banqueros suizos en la retención ilegal de las cuentas inactivas de los judíos víctimas del Holocausto.
Para Huberto Juárez este premio es un honor, pero, sobre todo, corona una larga trayectoria al lado del movimiento sindical, más allá de las fronteras: sus ramificaciones globales, pues luchar al lado de los obreros de la industria automotriz en México es abanderar los derechos de los trabajadores del mundo.
“Mi primera incursión en el movimiento de trabajadores industriales fue en 1981, cuando mis estudiantes de la Escuela de Economía, que eran trabajadores de la VW, me invitaron a participar en un paro laboral contra el corrupto asesor sindical. El 1 de noviembre ahí estaba, fue grandioso, una epopeya…en el mitin a las puertas de la fábrica, un dirigente obrero me invitó a subir al improvisado templete, diciendo ‘Y con nosotros está la UAP’…No era la UAP, era yo solo y me subí y no recuerdo que dije en la asamblea, pero para mí fue un momento crucial: no sólo era estudiar la industria, sino estar presente en el movimiento obrero”.
Con fundamentos, ha contribuido en algunas conquistas. Una de éstas, dirigió el equipo de universitarios y trabajadores que elaboró el estudio para que la Comisión Revisora Sindical, en 1984, lograra la reducción de la jornada semanal laboral en Volkswagen de México, de 46 a 44 horas (44-42-40 horas, la actual según el turno).
“Redacté con mi equipo un documento de 70 cuartillas, el argumento era reducir la jornada sin modificar la intensidad del trabajo. Esa fue la primera muestra de que mis conocimientos tenían una aplicación social importante”, señala el académico nacido en Santa Cruz Itundujia, un punto de la geografía de la Mixteca alta oaxaqueña, donde vivió los primeros años de su vida.
Hijo de un maestro rural y madre egresada de la Normal del estado de Puebla, Huberto nace asido a un robusto tronco con ramificaciones vinculadas a la lucha social. “Mi padre, un maestro rural, se involucraba en los problemas de la comunidad. Con influencia cardenista, fue un profesor defensor de los derechos de la comunidad; obligado por la circunstancias, en un ambiente de caciques se volvió un hombre de pistola y caballo. Una noche salimos escapando a caballo de Santa Cruz, perseguidos por pistoleros de caciques”, narra.
Sin embargo, su “transformación” ocurre en Puebla. “En 1970 acudí al Carolino para inscribirme a la prepa. Verlo por primera vez fue grandioso, los edificios de la ciudad de Oaxaca palidecían ante la belleza espectacular de El Carolino, donde la estudié en la entonces Popular Emiliano Zapata. El Salón de Proyecciones fue mi primer salón de clases y allí conocí a mis primeros guías intelectuales”.
A partir de entonces, Huberto incursionaría en lecturas que sembrarían la semilla del futuro economista, quien ha hecho del conocimiento una poderosa arma para fundamentar la lucha sindical y obrera. Algunas de sus primeras lecturas, Ensayo de un proletariado sin cabeza, de José Revueltas -a quien visitó en un par de ocasiones en su casa-, fue un libro clave en su formación política.
Aunque también, recuerda, “nos alentaban a leer poesía, literatura, autores como Efraín Huerta, José Emilio Pacheco, Óscar Oliva, Revueltas…Los Muros de Agua, Los Errores, Los Días Terrenales… llenaban nuestras horas de lectura y aprendizaje. En ese camino, emprender el estudio de la obra de Marx fue lo más importante, resultado de eso, puedo decir que soy de los pocos académicos del área que conoce de pies a cabeza los tres tomos de El Capital”.
“Yo quería estudiar literatura o filosofía, pero sentía que hacía falta un conocimiento de la realidad nacional, a partir de la estructura económica. Eso me dio las bases de lo que hoy soy”.
En los años noventa del siglo pasado, Huberto se inició en el estudio de otras industrias, como las maquiladoras de la electrónica y del vestido, tejiendo nuevas historias en el micromundo obrero. A la par que enriqueció su visión, articuló en alianzas globales su trabajo con obreros, sindicatos y académicos de Alemania, Brasil, Estados Unidos y Canadá.
Padre de tres hijos, Claudia, Enrique y Gabriela, Huberto Juárez Núñez es autor de diversos libros, artículos y capítulos de libro sobre las industrias automotriz, electrónica, del vestido y aeroespacial. Es también un amante de la música.
Su formación tardía en la guitarra clásica le impidió continuar por este camino, pero no dejar de gozar la música de los grandes maestros del Barroco, autores de obras para el Laúd, antecesor de la guitarra, Buxtehude, Pachelbel y, sobre todo, Bach. También dentro de sus preferencias están los grandes compositores latinoamericanos: Villalobos, Ponce, Barrios Mangoré, Lauro, Leo Brouwer. En su cubículo de la Facultad de Economía, una guitarra y una foto en la que figura con gesto grave mientras centra su mirada en las cuerdas, dan cuenta de esa pasión.
Ese espacio académico es también el santuario de otras pasiones y devociones: al centro un retablo de madera con el águila nacional (obsequio del Sindicato Independiente de VW), el retrato de un carismático Zapata de oscuros ojos y mirada profunda, un cartel de Villa, fotografías de sus equipos de estudiantes -aliados en la tarea de investigación-, artesanías y cajas de Olinalá aquí y allá…, pero sobre todo, como él mismo dice, “El Santuario de Sofía y Emily”, sus nietas.
En Berlín, el latinoamericanista Dieter Boris —su colega y amigo—, autor de varios libros sobre movimientos sociales en América Latina, será quien pronunciará el discurso por la entrega del International Blue Planet Award, que este año distingue a Huberto Juárez: al académico, investigador y hombre que hoy, a contracorriente, abraza los preceptos marxistas para asaltar las murallas del mismo infierno -como alguna vez escribiera Jack London-, si así fuere necesario.