La historia del libro ha tenido cuatro importantes revoluciones: “la invención de la escritura como actualmente se conoce, la suplantación del rollo por el códex, del manuscrito por el libro impreso y, finalmente, la que ahora se presenta: la tendencia de hacer digital lo impreso; esto último ya es otra cuestión”, señaló Leonardo Magionami, profesor de paleografía de la Universidad de Siena, Italia, durante su visita a la Biblioteca Histórica “José María Lafragua” de la BUAP.
En su conferencia “Entre el manuscrito y la imprenta. El caso de las obras de Fulvio Giulio Della Corgna”, Magionami señaló que el manuscrito y el libro impreso convivieron y formaron parte de la vida intelectual de Europa, en lo particular de Italia, a mediados del siglo XVI, tiempo en el que Fulvio Giulio, obispo católico nombrado por el Papa Julio III como cardenal de la Iglesia Católica, gobernaba a la provincia italiana de Perugia.
Comentó que desde ese entonces, Fulvio Giulio logró reconocer la trascendencia del libro no sólo como un contenedor de información, sino que lo concibió como un medio eficaz de representación.
El conferencista indicó que Fulvio Giulio Della Corgna adoptó al libro como un instrumento de control y representación gracias a su ubicación, la etapa histórica de su contexto, su poder administrativo y eclesiástico, así como por su riqueza intelectual y cultural. Fulvio Giulio aprovechó las bondades del libro impreso y del manuscrito y los utilizó con excesos de lujo para presentarse. Sus libros, generalmente eclesiásticos, son una manifestación del poder y la riqueza.
“Él, como dignatario de la Iglesia, que encarna el poder espiritual y temporal, gobernando como obispo de un territorio periférico, entendió perfectamente cuan provechoso era la utilización de ambos (el manuscrito y el libro impreso) para gobernar y administrar”, agregó.
Destacó que Fulvio Giulio “prefirió el libro de forma manuscrita, ligado a la tradición y reconocido o más fácilmente reconocible con sus múltiples significados, para presentarse como dignatario eclesiástico. Mientras que para darse a conocer como político y administrador de un territorio, prefirió al práctico y efectivo libro impreso: elemento moderno, innovador, directo y funcional”.
Fulvio Giulio reconoció las características positivas de ambos formatos pues vivió en el tiempo tardío en el que el libro impreso convivió con el manuscrito. “El libro impreso en sus tiempos era tan funcional hasta tal punto que logró penetrar en la función cotidiana, siendo tal vez imitado hasta por el mismo manuscrito”, comentó el Paleógrafo.
Aún en la segunda mitad del siglo XVI, cuando los textos impresos fueron considerados de lujo, para Giulio el manuscrito no fue sólo un contenedor de traducción textual, sino un instrumento de gobierno por su valor representativo.
“Consciente del potencial de los caracteres móviles como medio de comunicación masiva, Giulio sacó provecho del libro impreso como instrumento pragmático y práctico de control territorial a través de estatutos, edictos y normativas”, señaló el especialista.
Gracias a la imprenta, él pudo mostrarse como “príncipe iluminado, moderno y práctico. Para él la imprenta es el instrumento más sutil, inmediato y eficaz para difundir su propia imagen: la de hombre de gobierno y de administrador moderno”, finalizó.