Alberto Jiménez Merino

Nunca hay presupuestos que alcancen para atender todas las necesidades sociales, por eso la identificación, reconocimiento y privatización de la problemática de las comunidades es un aspecto fundamental para atenderla y promover el desarrollo de los núcleos poblacionales, empezando por atender a aquellos a los que uno pertenece.
Es común escuchar entre la gente, principalmente la más necesitada, decir que nadie los ha ayudado y comprobar que nunca han solicitado algo. Muchos no saben pedir. Muchas cosas en la vida no se hicieron porque nadie las pidió.
Y es que gestionar, requiere de conocer las necesidades, tener los argumentos y poder plasmarlos para poder convencer, dedicar tiempo, tener los proyectos o planes de trabajo, así como también, tener la paciencia necesaria para tratar con burócratas que no entienden ni su lenguaje, ni sus necesidades y que, en muchos casos, no tienen ni la voluntad de entenderlas.
El éxito humano tiene mucho que ver con identificar los talentos y habilidades que cada persona posee, reconocer cuáles son aquellas cosas que le apasionan para, enseguida, conocer y atender las necesidades de los demás. Identificar y atender necesidades, esa es la cuestión.
Identificar los talentos y habilidades personales, reconocer el entorno, los recursos naturales y su manejo, la problemática de las familias, las necesidades de alimentación y nutrición, la educación financiera y la formación para la vida, es una tarea de los padres y la escuela. Y creo que es una tarea que aún no se ha hecho.
Atender las necesidades sociales y promover el desarrollo de las comunidades en forma lógica para tener una vida digna proveyendo las necesidades básicas como agua, alimentación digna, educación para la vida, vivienda e ingresos dignos de manera sustentable y sostenible, son hoy una tarea básica de las políticas públicas. Y, estoy seguro que, esta tarea tampoco se ha hecho bien.
De acuerdo con estudios, 8 de cada 10 personas se dedican a actividades que no les gustan, pero son obligadas por su necesidad. La deserción escolar en bachillerato supera el 30 por ciento. Muchos elegimos carrera huyendo de las matemáticas, buscando una tira curricular que no sea muy exigente.
La falta de titulación profesional supera en muchos casos los porcentajes de deserción. Muchos de los que terminan la carrera no se titulan, los trámites son caros y tardados.
Adimismo, los problemas de salud y sociales a los que se enfrentan hoy los jóvenes, como la obesidad, la diabetes y el deterioro ambiental genera que los profesionistas tengan más problemas hoy para insertarse al mercado laboral o desarrollar sus propias opciones. Todo esto demuestra que hay tareas educativas pendientes.
La pobreza que alcanza en Puebla al 64 por ciento de la población, tiende a incrementarse, pues ésta no se ha resuelto, sólo se ha contenido. Muestra de ello es que más de 1 millón 900 mil poblanos están por debajo de la línea de bienestar, es decir, no tienen los recursos necesarios para adquirir una canasta básica de mil 300 pesos mensuales. Ei agua cada día es más bescasa y la existente, cada día está más contaminada. No hay medios de producción. El cambio climático necesita mayor atención. Sin embargo, se realizan muchas obras, muy bonitas, pero que deberemos pagar en los próximos 30 años.
Por todo lo anterior, es que necesitamos formar líderes que nos guien, que se pongan al frente de los problemas, que encabecen proyectos, que dirijan acciones previamente planeadas, con metas precisas y estrategias adecuadas. Bien preparados. Que hagan una diferencia, y para eso se requiere que cada uno conozca sus talentos y potencialidades personales. Luego, que conozca la problemática a atender.
En materia agroalimentaria, en Puebla tenemos debidamente documentados más de 100 problemas generales, 230 regionales y 2170 municipales. Hay más de 750 necesidades temáticas de la producción, sanidad, inocuidad, genética, acopio, industria y comercialización.
Es por ello que necesitamos formar líderes de proyectos que impulsen áreas especificas y promuevan el desarrollo regional. Esto requiere de una mayor vinculación entre las instituciones educativas y el sector productivo, reducir la teoría y amentar la práctica en los contenidos curriculares.
El servicio social universitario en comunidades y/o las estancias profesionales en instituciones y empresas de municipios, estados y países líderes, parece ser el camino más corto. La cooperación con Estados Unidos, China, Brasil, Colombia, Chile, Cuba y España así lo ha demostrado. Estamos urgidos de líderes para impulsar el desarrollo de las comunidades.